Editorial

La defensa ante la subida de tipos

Banco de España.
Banco de España.

España es uno de los países más endeudados del mundo tras afrontar el vigoroso ciclo de crecimiento previo a la crisis con el recurso sistemático a la financiación ajena, y como tal es también de los más vulnerables a una subida de los tipos de interés que se ha iniciado ya. Los agentes económicos no financieros (las administraciones públicas, las empresas y los hogares) tienen una deuda agregada de 2,7 billones de euros, a los que hay que sumar la tomada por el sistema bancario en los mercados financieros o en la línea de liquidez cuasi gratuita del Banco Central Europeo, y una buena parte de ella tiene acreedores externos. Si tales acreedores pusieron en cuestión hace unos años la sostenibilidad de las finanzas públicas y privadas en España y comenzaron a exigir una desorbitada prima para mantener la financiación, podrían ponerla de nuevo cuando una subida de los tipos de interés pueda poner a prueba otra vez la solvencia del país. Ahora los mercados están en buena parte anestesiados, intervenidos, por la política de expansión cuantitativa del BCE, que se mantendrá al menos durante 2017. Pero cuando retire los estímulos y los tipos vuelvan a donde el mercado los lleve, en un movimiento alcista que ya ha comenzado a producirse por los movimientos monetarios, económicos y políticos en EE UU, la supuesta armonía de tipos en Europa, con primas de riesgo tan ajustadas, podría desaparecer. Tal circunstancia podría funcionar como un endiablado efecto multiplicador del coste financiero para España, que aunque solo se mueva en la misma proporción que para el resto de los socios comunitarios, ya supondrá un sobrecoste nada despreciable.

La curva de tipos ya se ha desplazado en medio punto largo en las últimas semanas, especialmente en el bono a diez años, que es la verdadera referencia para la financiación de la economía. Si la subida fuese de un punto completo, el incremento del coste para la economía española sería de unos 27.000 millones de euros, con la carga más elevada para las administraciones públicas. Una cantidad muy importante, que volvería a poner contra las cuerdas las finanzas públicas y reducir la renta disponible de las familias y la capacidad inversora de las empresas. Estas se han desapalancado significativamente, pero los organismos públicos no han dejado de engordar sus pasivos (en parte por absorción de deudas privadas insostenibles).

El Gobierno debe utilizar el año largo de margen antes de la explosión de tipos para llevar lo más abajo posible el déficit fiscal, para disponer así de capacidad de absorción del encarecimiento del dinero cuando llegue. Y debe acompañarlo con reformas intensas allí donde se eleve el crecimiento potencial para reactivar la productividad y generar nuevas y más sólidas bases imponibles que ayudarán en el empeño de dejar la subida de tipos en una anécdota.

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