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Rex Tillerson: un negociador internacional

El CEO de Exxon Mobil necesita que el Senado olvide su estrecha relación con Putin

Rex Tillerson, futuro secretario de Estado de EE UU.
Rex Tillerson, futuro secretario de Estado de EE UU.

Durante los últimos 10 años, Rex Tillerson (Wichita Falls, Texas, 1952), ha estado negociando con numerosos países al frente de una de las mayores petroleras del mundo, Exxon Mobil. Desde el 20 de enero, seguirá negociando, pero en representación de los intereses de los estadounidenses.

Tras días de rumores, el martes, el presidente electo de EE UU, Donald Trump, anunció, a través de Twitter, que Tillerson sería su secretario de Estado: “He elegido a uno de los grandes líderes empresariales del mundo”, escribió. “Rex sabe cómo gestionar una empresa global, lo que es clave para dirigir con éxito el Departamento de Estado, y sus relaciones con líderes de todo el mundo no pueden envidiar a las de nadie”, añadió poco después en un comunicado.

La experiencia de Tillerson, casado y con cuatro hijos, en el mundo de los negocios es innegable: tras graduarse en Ingeniería Civil en la Universidad de Texas, en 1975 entró a formar parte de la petrolera, primero como ingeniero de producción. Desde entonces no ha abandonado la empresa y ha ido escalando puestos, principalmente en la última década: en 2001, se convirtió en vicepresidente sénior de la firma; en 2004, presidente y miembro de la junta directiva; y finalmente, en 2006, consejero delegado, un cargo que ejercerá hasta el próximo 1 de enero, cuando le suceda Darren Woods, actual presidente de la empresa.

Sin embargo, el que probablemente sea el nuevo secretario de Estado de EE UU (si el Senado no vota en contra), del que destacan su dureza como negociador, carece de experiencia en el mundo de la política. Esta no es una característica habitual de los elegidos para ejercer dicho puesto, pues se trata del cargo de mayor importancia diplomática del país: será el principal asesor en materia de asuntos exteriores, responsable de las negociaciones con otros países, llevará a cabo los nombramientos diplomáticos y se ocupará de gestionar la política exterior por medio del Departamento de Estado y del Servicio Exterior. No obstante, lo que sí es habitual en estos nombramientos es su pasado como hombres de negocios: en 1961, John Kennedy eligió a Robert McNamara, presidente de Ford, y en 1982, Ronald Reagan optó por George Schultz, directivo de Bechtel Group.

"Si llega al cargo, tendrá que deshacerse de 2,6 millones de acciones que posee en la firma para no incurrir en conflicto de interés"

Sin embargo, esta falta de experiencia en la Administración pública no es la razón por la cual el Senado quizá rechace su nombramiento. Son sus cercanos vínculos a Rusia y a su presidente, Vladimir Putin, los que estarían haciendo peligrar la elección de Trump. Durante los 41 años que ha estado trabajando para ExxonMobil, Tillerson ha hecho negocios con hasta 50 países, pero, desde finales de la década de los noventa, la petrolera comenzó su expansión por Rusia y cerró numerosos acuerdos en distintas regiones. Todo ello le acercó a Putin, que en 2013 le otorgó la Orden de la Amistad, una distinción a aquellos extranjeros que han contribuido a mejorar las relaciones con Rusia. “No estoy de acuerdo con todo lo que hace Putin, como tampoco con lo que hacen otros líderes, pero entiende que soy un hombre de negocios”, afirmó a principios de este año. Con motivo de las sanciones impuestas a Rusia en 2014 tras la anexión de Crimea, algunos de los proyectos de la petrolera quedaron paralizados y Tillerson, que se ha opuesto rotundamente a estas decisiones, llegó a cifrar en 1.000 millones de dólares las pérdidas que supondrían para la compañía.

Su postura cercana a Rusia coincide con las promesas electorales de Trump, que ha llegado a justificar la anexión de Crimea, ha intercambiado elogios con el propio Putin y se ha comprometido a mejorar las relaciones con Moscú. Sin embargo, los conflictos de EE UU y Rusia han empeorado tras las elecciones presidenciales, puesto que el Kremlin podría haber interferido, según afirma la CIA, para favorecer la victoria de Trump.

Por otro lado, el cambio climático podría ser uno de los asuntos que enfrentasen a este texano, miembro de los Boy Scouts de América durante su infancia y su presidente entre 2010 y 2012, con el presidente electo. Exxon Mobil está acusada de haber financiado organizaciones que cuestionaban la realidad del cambio climático y su actividad ha generado catástrofes como la del vertido del barco Exxon Valdez en las costas de Alaska en 1989. Sin embargo, tras la llegada de Tillerson al puesto de CEO, la petrolera cambió su estrategia y este propuso incluso una tasa para las emisiones de carbono.

El Senado tendrá que decidir ahora si le acepta como secretario de Estado. Para ejercer el cargo, necesita primero la votación a favor del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, integrado por 19 personas, 10 de ellos republicanos. Entre ellos está el senador republicano por Florida Marco Rubio, que recientemente afirmó que “ser amigo de Putin no es uno de los atributos que él espera del nuevo secretario”. Si no logra el voto a favor del comité, la decisión la tendrá el pleno, donde necesitaría 50 síes, y el partido republicano cuenta con 52 senadores, entre los que, además de Rubio, hay otros detractores de Tillerson.

El texano no sabe por el momento si el 2017 será el año de su jubilación –como tenía planeado inicialmente, pues Exxon Mobil impone el retiro obligatorio a los 65 años– o el de su entrada a la esfera política. En este último caso, tendrá que decidir qué hacer con los 2,6 millones de acciones que posee en la petrolera (valoradas en cerca de 240 millones de dólares) para no incurrir en conflictos de intereses.

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