Editorial

A vueltas con el acero de China

Tanto la Unión Europea como EE UU disponen de aranceles a la importación de productos siderúrgicos procedentes de China para tratar de moderar la avalancha comercial que, desde la ralentización del crecimiento del gigante asiático, inunda las economías occidentales. Y bien podrían endurecerse si prosperan los expedientes abiertos y no resueltos aún en la Unión Europea, o si la nueva Administración estadounidense, que se hará cargo del país el 20 de enero, ejecuta buena parte de las alertas en materia comercial que el programa electoral de Donald Trump ha lanzado al debate público. Mientras tanto, China seguirá desviando producción por debajo del precio de coste de su acero a Europa, y lo hará por cuantos procedimientos comerciales encuentre a su alcance, ya que produce 300 millones de toneladas anuales, y su demanda aconseja reducir al menos 150 millones en un plazo de cinco años. Pekín no tiene entre sus costumbres respetar las reglas de juego del comercio internacional. En el activismo proteccionista europeo y norteamericano han estado muy presentes las empresas, que han tenido que ajustar oferta, plantilla y precios para encajar la crisis global y las embestidas chinas. Solo falta que las autoridades lleven el debate a la Organización Mundial del Comercio para zanjar la cuestión de manera reglada.

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