Relaciones China-UE
El primer ministro chino, Li Keqiang, y el ministro alemán de Economía y Energía, Sigmar Gabriel, anteayer en Pekín.
El primer ministro chino, Li Keqiang, y el ministro alemán de Economía y Energía, Sigmar Gabriel, anteayer en Pekín. Efe

Europa resucita el derecho de veto por miedo a la inversión china

El Gobierno británico se reservará el derecho a vetar cualquier operación y Berlín quiere extender esa acción de oro a toda la UE.

La avalancha de capital chino en Europa, que en 2015 marcó un récord histórico con más de 31.000 millones de dólares (28.000 millones de euros), ha sido bienvenida en un periodo de crisis y de caída de la inversión. En España, la inversión superó el año pasado por primera vez la barrera de los 1.000 millones de dólares. Pero el capital chino empieza a levantar suspicacias por su creciente control de empresas europeas, el trasvase de tecnología y su entrada en sectores sensibles para la seguridad.

Algunos países europeos ya estudian fórmulas para poner coto a las inversiones del gigante asiático, dada la ausencia de un filtro comunitario. La Comisión Europea se limita a revisar el impacto sobre la competencia de las grandes fusiones empresariales. Pero a diferencia de EE UU, que somete a un control especial las inversiones extranjeras en infraestructuras, telecomunicaciones, tecnología o sanidad, la UE acepta sin cortapisas la entrada de capital en cualquier actividad.

A falta de un sistema de supervisión europeo como el estadounidense, las capitales de la UE empiezan a tomar medidas, lo que podría dañar la unidad el mercado interior europeo.

Alemania acaba de frenar dos importantes operaciones de inversión china (la venta del fabricante de microchips Aixtron por 670 millones de euros y la de la división de bombillas de Osram por 400 millones), para verificar las consecuencias de un posible trasvase de tecnología.

En París han saltado las alarmas incluso en un sector como la hostelería, sin implicaciones de seguridad, tras la participación accionarial china cada vez más elevada en Accor, uno de los mayores grupos hoteleros del mundo.

Y el gobierno británico de Theresa May ha aceptado a regañadientes la entrad de capital chino en la construcción de un reactor nuclear en suelo británico. Pero May ha advertido que adoptará una norma para reservarse el derecho de revisar y vetar cualquier inversión o fusión empresarial transfronteriza susceptible de poner en peligro la seguridad o los intereses de la economía británica.

Berlín también quiere arrogarse un derecho de veto similar al de Londres, equivalente a las acciones de oro que la mayoría de los gobiernos se reservaron en las compañías privatizadas en los años 80 y 90. Unos derechos de veto que se ejercieron, sobre todo en compañías de energía, telecos y tecnología, para garantizar que no serían desguazadas por ningún comprador.

La Comisión Europea obligó a retirar esa protección a principios de los años 2000, por considerarla incompatible con el mercado único y la libre circulación de capitales. Pero la falta de supervisión a nivel europeo de las inversiones en sectores estratégicos ha desatado el interés por las acciones de oro en un nuevo formato.

Alemania aboga por establecer una acción de oro europea, es decir, un control a escala comunitaria más allá del análisis de competencia. Pero mientras llega, cada capital parece dispuesta a tomar sus propias medidas.

El doble de capital chino que en EE UU

La inversión china en la UE aumentó un 55% en 2015, hasta la cifra récord de 28.605 millones de euros, el doble que en EE UU, según el último informe elaborado por Esade. El estudio de la escuela de negocios, publicado el pasado 24 de octubre, calcula que este año se volverá a batir el récord y la inversión china en la UE desde 2010 superará ampliamente los 100.000 millones de euros.

En Europa, el capital chino se concentra en infraestructuras, con especial interés por el sector energético, y en logística, señala el informe. China ha tomado participaciones en empresas energéticas en España (Madrileña Red de Gas), Italia o Portugal (EDP y REN), en parques eólicos en Alemania o en el principal puerto de Atenas en Grecia. “Esta presencia tan destacada refleja la apertura europea a que los inversiones chinos realicen operaciones en sus sectores estratégicos”, señala Esade.

El estudio recuerda que Washington dispone de un comité gubernamental (CRUS) que criba las inversiones exteriores en sectores estratégicos. En base a ese análisis, el presidente Barack Obama vetó en 2012 la venta de un empresa de turbinas eólicas a un grupo chino. Y en 2005, el Congreso estadounidense, por recomendación del CRUS, decantó la venta de la petrolera californiana Unocal en favor de la estadounidense Chevron a pesar de que la oferta de la china CNOOC era más elevada. “En ausencia de un comité análogo o similar al CRUS, Europa es percibida por las firmas extranjeras como un mercado más abierto”. Para Alemania, Francia y Reino Unido ese marco empieza a resultar demasiado abierto, lo que puede obligar a Bruselas a establecer controles de la inversión.

Pekín avisa a Alemania de represalias contra sus empresas

China acusó ayer al Gobierno de Angela Merkel de proteccionismo tras la decisión de frenar dos inversiones de compañías chinas y la anunciada intención de Berlín de reclamar a Bruselas un sistema de veto de ciertas inversiones por motivos estratégicos o de seguridad. El clima diplomático entre los dos gigantes exportadores se ha deteriorado en las últimas semanas hasta el punto de que el vicecanciller y ministro alemán de Economía, Sigmar Gabriel, fue plantado el martes por su homólogo chino durante la misión comercial que realiza esta semana en China con decenas de empresarios alemanes.

Y para colmo, el comisario europeo de Agenda Digital, el alemán Gunther Oettinger, ha exasperado a los chinos con un comentario despectivo sobre los ojos rasgados de los asiáticos, calificado ayer por Pekín de prepotente.

Las advertencias de China a Alemania no se han hecho esperar. El embajador chino en Berlín publicó ayer una tribuna en el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung, acusando a Berlín de “tendencias cada vez más proteccionistas” y de mantener hacia China una actitud “incomprensible” . El embajador, Shi Mingde, recuerda a Berlín que más de 8.000 empresas alemanas operan en territorio chino, con una inversión de 60.000 millones de euros. Y que los principales fabricantes alemanes de automóviles copan el 30% del mercado chino. Cifras que ilustran el alcance de una potencial represalia por parte de Pekín.

El conflicto entre Berlín y Pekín emana del plan del Gobierno del país asiático conocido como China 2025 para elevar el valor añadido de su producción. El plan aspira a incorporar tecnología en sectores clave, aunque sea a base de comprar empresas europeas.

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