Elecciones EE UU
La candidata demócrata en un mtin en la universidad de Kent (Ohio).
La candidata demócrata en un mtin en la universidad de Kent (Ohio).

Así será la presidencia económica de Hillary Clinton

Infraestructuras, manufactura, I+D+i, energías renovables y pymes centran sus propuestas electorales

Mark Zandi es economista y fue consejero del candidato presidencial republicano John McCain en 2008, cuando se enfrentó con Obama. Zandi ha elaborado un informe independiente con dos escenarios: qué sucedería en la economía si gana las elecciones Clinton y qué pasaría si el elegido es Trump. Según este experto conservador, con Clinton, la economía crecería por encima del 3% y, en cuatro años, generaría 10,5 millones de puestos de trabajo. Por contraste, con Trump al timón, a Norteamérica le esperaría una recesión, con pérdida de 3,5 millones de empleos.

Hillary no ha utilizado el tan manido “es la economía, estúpido”, del asesor de Bill Clinton, James Carville, en la campaña de 1992. En América podrán cambiar muchas cosas, pero lo que siempre se mantiene (por encima del 80%, según Gallup y Advice Strategic Consultants) es la importancia que los estadounidenses dan a la buena marcha de la economía. Ya lo dice el refrán. “Cuando el dinero no entra por la puerta, el amor se va por la ventana”, como le sucedió a Bush padre en 1992: la economía en recesión e incumplimiento de su promesa de “leed mis labios: no subiré los impuestos”. Pero el déficit público que le dejó Reagan, le obligó a elevarlos, enfadando al 98% del electorado, que es clase media.

Hillary se ha visto obligada a hablar duramente de los bancos para atraer a los millenials

Es a este 98% de personas a quienes Hillary tiene en la cabeza. Ellos son la columna vertebral del tejido social norteamericano. Como lo es la pyme (99% de las empresas, allí, de menos de 500 empleados). Por eso, Hillary -siguiendo el consejo de Bill Clinton-, acude a su experiencia económica personal para conseguir empatía con el electorado: frente a un millonario que hereda 400 millones de dólares (Trump), Hillary es hija de un dueño de pyme en Chicago. Bill Clinton, con capacidad de meterse a todos en el bolsillo, enseña a su mujer cómo debe hablar a los hispanos, a los afroamericanos -este domingo, en el sermón de la misa: “Hillary, fíate de mí: es mi gente, es lo que llevo haciendo desde niño, en Arkansas”. En lo único en lo que Hillary no hace caso a Bill es en cómo dirigirse a las mujeres.

Hillary tiene claro cómo quiere que sea América, desde su época en el “College”, en Wellesley, donde pasó de ser republicana para convertirse en demócrata y poner énfasis en las cuestiones sociales y, especialmente, los derechos de las mujeres (Pekín, 1995: “los derechos de las mujeres son derechos humanos”, “Living History”, Simon & Schuster, 2003). Alejada de estereotipos, Hillary es “pro clase media” y, frente a lo que algunos piensan, no es “anti business”. Lo contrario sería falta de sentido común, del que las mujeres suelen tener mucho y los hombres, poco.

A Obama, siempre se le ha acusado de estar en contra de los empresarios. Es falso. Lo explicó él en una entrevista del 4 de agosto de 2009 en Business Week y volvió a hacerlo el 3 de julio de 2016 en Bloomberg Business Week en entrevistas tituladas “Business tips from the anti-business president” (consejos empresariales del “presidente anti negocios”). Obama, como Hillary, y viceversa, están convencidos de que el futuro económico de América se juega en el terreno de la innovación económica, empresarial y tecnológica. Barack lo explicó en detalle en abril en 2016 entrevistado por Political Science. Hillary, que vivió desde la Casa Blanca la explosión de las tecnologías de la información (TIC), en los años noventa, con Bill Clinton y Al Gore impulsando Internet y apoyando a HP, Microsoft, IBM, Oracle y a todo el Silicon Valley, lo lleva en la sangre.

Nadie va a convencer a Hillary de que la introducción de las TIC en la macroeconomía no duplica el crecimiento económico en PIB y que lo mismo, en las empresas, triplica su productividad y competitividad. Por eso, como publiqué en julio de este año, todos los presidentes de empresas TIC de Estados Unidos -excepto el de PayPal, el despistado Peter Thiel- escribieron una carta encabezada por la republicana y presidenta de HPE, Meg Whitman, apoyando la candidatura de Hillary y denunciando la de Trump, por no saber de economía e ignorarlo todo del sector que genera el 70% de la riqueza del país, es decir, las TIC. Si no, baste fijarse en las cuatro empresas con más valor bursátil del mundo, por encima de los 300 billones de dólares americanos: Apple, Google, Amazon y Facebook.

Hillary se ha visto obligada -para conseguir el apoyo de Bernie Sanders y sus seguidores, jóvenes millenials- a hablar duramente de los bancos. Pero Obama ya hizo -siendo ella secretaria de estado- la reforma financiera Dodd-Frank en julio de 2010 y es una ley a la que le queda aún un 60% de desarrollo normativo. Clinton no la cambiará.

Su programa económico se basa en principios muy básicos, que, si es presidenta, cumplirá, porque es muy disciplinada: inversiones en infraestructuras, manufactura, investigación y tecnología, energías renovables y pymes. Educación superior libre de deuda para todos y darle la oportunidad de refinanciar sus préstamos a estudiantes con deudas estudiantiles (los Obama llegaron a la Casa Blanca sin haber acabado de pagar sus préstamos universitarios); facilitar que las corporaciones americanas repatríen operaciones, facturación, beneficios y empleo al país; subir impuestos a ricos y corporaciones para financiar Medicaid, Medicare, Obamacare -que sí ampliará- y ayudar a las familias, cerrando la brecha salarial; baja laboral remunerada y reducir costes para el cuidado de los niños, de lo que están necesitadas el 50% de las familias americanas.

Hillary es amiga de Israel, pero será dura con Netanyahu. Es menos partidaria de drones y fuerzas especiales que Obama y más del ejército y los marines. Quiere menos fronteras económicas y más libre comercio. Desea regularizar 11 millones de inmigrantes hispanos, que trabajan y no pagan impuestos. Respeta el Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT, de Bill y Barack), pero no le temblará el pulso en sus relaciones con Rusia, China, otros emergentes y, sobre todo, la búsqueda de una solución para Oriente Medio.

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