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Filipinas desea el dinero de China

Manila pivota hacia Pekín al tiempo que espera mantener la concordia con EE UU

Duterte (izda.), y Zhang Dejiang, alto dirigente chino.
Duterte (izda.), y Zhang Dejiang, alto dirigente chino.

Rodrigo Duterte está siguiendo los pasos del dinero. Los alardes del presidente de Filipinas, que se jacta de sustituir a Estados Unidos por China, funcionan bien en Pekín, cuyos fondos ayudarán a Duterte a cumplir sus grandes promesas.

Es probable que su dura retórica respecto al que ha sido su aliado durante mucho tiempo se matice en la práctica. Filipinas todavía no ha cancelado los ejercicios militares conjuntos con EE UU. El ministro de Comercio filipino ha aclarado que el país está pivotando hacia China, pero eso no significa que vaya a cortar todos los lazos con EE UU.

El fortalecimiento del comercio no es un incentivo muy grande para Filipinas, en un momento en el que la demanda china de importaciones sigue siendo débil en general. El premio más grande es la inversión extranjera directa. Los ingresos anuales medios en Filipinas han sido de sólo el 1,4% del PIB desde 2000. La mayor parte proviene de Japón y EE UU, mientras que China y Hong Kong representaron solo el 1,4% del total en 2015, lo que demuestra que hay mucho margen de subida.

Duterte quiere aumentar el gasto en infraestructuras
hasta el 7% del PIB

El capital chino podría ayudar a Duterte a financiar un aumento del gasto en infraestructuras hasta el 7% del PIB, frente al 5% del gobierno anterior. Esto podría impulsar la industria del turismo, todavía pequeña en relación a su economía, en comparación con Tailandia, por ejemplo.

Cortejar el dinero chino es arriesgado. Eso es especialmente cierto si las infraestructuras construidas por los chinos demuestran mala calidad, de lo cual se suelen quejar sus clientes. Y en lugares como Myanmar, la influencia económica de Pekín se considera demasiado dominante.

Pero si Duterte mantiene la concordia en sus relaciones con EE UU, y se asegura de que el capital chino se despliega con sensatez, el giro de Filipinas a China podría no resultar tan polémico.

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