Catalina Escobar, presidenta de la Fundación Juanfe

Catalina Escobar: “Invertir en equidad de género dispara el progreso”

Nombrada emprendedora social de 2015 por el Foro Económico Mundial, trabaja desde su fundación en el apoyo a madres adolescentes sin recursos. Esta organiza hoy en Madrid el foro Women Working for the World.

desigualdad
Catalina Escobar, presidenta de la Fundación Juan Felipe Gómez Escobar

Tras desempeñar distintos puestos en el sector financiero de su país, Catalina Escobar (Bogotá, Colombia, 1962) se trasladó a Cartagena de Indias a finales de los años noventa para acompañar a su marido en su nueva etapa profesional. Se hizo voluntaria en el hospital de maternidad, donde se sucedían las adolescentes que veían morir a sus hijos, ya fuese por desnutrición o por la falta de medios sanitarios. En octubre de 2000, uno de esos bebés murió en sus brazos, y pocos días después, su hijo Juan Felipe, con 18 meses, falleció tras caer de un octavo piso. Fruto de aquella experiencia, creó en 2001 la Fundación Juan Felipe Gómez Escobar, que hoy organiza en Madrid el foro Women Working for the World, una ocasión para “elevar el discurso” sobre la situación de la mujer.

Pregunta. ¿Qué balance hace a los 15 años de la creación de la fundación?

Respuesta. Logramos disminuir la mortalidad infantil en Cartagena en un 81%, cuando era la tercera ciudad de Latinoamérica en este índice, sin ningún contacto con las autoridades municipales. Hemos atendido a más de 150.000 pacientes, hemos sacado de la pobreza y empoderado a más de 3.500 madres adolescentes. Ya estamos en Panamá, estaremos en México y muy seguramente en Santiago de Chile. Ahora, nuestra idea es replicar nuestro modelo, porque nosotros rompemos ciclos de pobreza.

P. ¿En qué consiste ese modelo?

R. Latinoamérica es la segunda región del mundo donde más crecen los embarazos adolescentes. Esto perpetúa la pobreza en la zona. En Colombia, el 23% de los embarazadas son niñas. Actuamos en ellas durante un periodo de entre dos y tres años.Vuelven al sistema educativo, para que terminen de estudiar en el colegio, y se preparen para la universidad y la inserción laboral. Generar ingresos es la mejor arma de empoderamiento de la mujer.

P. ¿A nivel global, la mujer sigue sufriendo una situación de desigualdad?

R. Sí. Asisto a muchas conferencias y foros, y los dos temas que más se tratan son la preservación del ecosistema y la mujer. Hay toda una correlación directa entre invertir en mujeres y niñas y que se dispare la productividad de los países. Una sociedad progresa cuando sus mujeres progresan. No se trata solo de mejorar su nivel laboral, sino de que las mujeres tengan derecho a un proceso judicial si sufren abusos sexuales o si son víctimas de violencia física y moral. En los mismos cargos y con la misma capacidad la mujer debe ganar lo mismo que el hombre, pero hay más que eso. En los niveles más bajos de la sociedad hay casos tremendos de violencia de género y sexual.

P. ¿El progreso económico en Colombia no ha mejorado la situación?

R. En Colombia no hay prosperidad económica. Hay que desmentirlo. Que se haya avanzado en algunos aspectos no significa que exista prosperidad económica. Hay que tener cuidado con las mediciones y los promedios. La región de La Guajira, al norte, tiene peor mortalidad infantil que Etiopía.

P. ¿A qué achaca el escaso número de mujeres directivas en las empresas?

R. Sin duda existen barreras. El 51% de los estudiantes universitarios son mujeres. Y luego hay un embudo. El gran reto viene cuando se es madre y se trabaja al mismo tiempo. Ahí es cuando se pone a prueba. Es difícil y hay que hacer enormes sacrificios. Pero la cuestión de género ya viene con una inercia, no hay retorno. La equidad de género es la manera más eficaz para dispararnos en el desarrollo.

P. ¿Apoya los sistemas de cuotas?

R Sí, porque el talento femenino siempre va a estar. De eso no puede haber ninguna duda. Pero son las empresas las que tienen que generar las mismas oportunidades dentro de sus compañías.

P. ¿Es machista el mundo corporativo?

R Lo sigue siendo, pero menos que antes. A una mujer líder se le dice que es intensa. Cuando es hombre, se dice que ejerce con profesionalidad. Las percepciones son diferentes. Una mujer empoderada, segura de sí misma, puede ser arrolladora, y eso no siempre gusta.

P. Las mujeres sufrieron el conflicto armado en Colombia. ¿Cómo queda el país tras el no al acuerdo de paz con las FARC?

R. Lo que pasó se llama democracia. La victoria del no no quiere decir que no se quiera la paz. Todos queremos la paz. El problema fue cómo se llevaron a cabo los acuerdos, y las concesiones hechas a la guerrilla, que no paguen ni un día de cárcel por sus delitos. Yo aplaudo que el gobierno se haya sentado a negociar con la guerrilla, porque nadie lo había podido hacer. Pero sabe que no nos podemos vender por un plato de lentejas.

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