Editorial

La dimensión razonable de la banca

El director adjunto del departamento de Finanzas Públicas del FMI, Abdelhak Senhadji, y el director del departamento Fiscal del Fondo Monetario Internacional, Vitor Gaspar, durante la presentación del informe de Estabilidad Financiera.
El director adjunto del departamento de Finanzas Públicas del FMI, Abdelhak Senhadji, y el director del departamento Fiscal del Fondo Monetario Internacional, Vitor Gaspar, durante la presentación del informe de Estabilidad Financiera. EFE

Hace un par de semanas el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, elevó el tono para denunciar la debilidad del sistema financiero que trata de combatir desde hace años; en esta ocasión dijo abiertamente que los bancos tienen una rentabilidad limitada entre otras cuestiones porque hay muchos, porque “hay demasiados bancos en Europa”. Una llamada explícita a la concentración en un sector donde se han producido muchas operaciones forzadas por las circunstancias en los últimos años, pero donde la alianzas voluntarias de carácter transfronterizo han brillado por su ausencia. Ayer, el Fondo Monetario Internacional volvió a golpear con el martillo sobre el mismo clavo: asegura que un tercio de la banca europea no volverá a ser rentable.

No volverá a ser rentable ni siquiera en el caso de que se produzca una recuperación de la economía, puesto que, considera el FMI, con un escenario de tipos de interés tan bajo y de márgenes tan estrechos, no es posible. Incluso llega a pronosticar que cada fenómeno alimentará al otro, y los tipos de interés tan bajos impedirán la propia recuperación, mientras que la ausencia de esta mantendrá por un periodo de tiempo más prolongado del deseado la política monetaria tan expansiva.

Pero en Europa los problemas no terminan ahí: un gran número de entidades, que suponen el 25% del balance de las entidades financieras en el Viejo Continente según el FMI, tiene una cantidad ingente de créditos averiados, que precisarán de recapitalizaciones adicionales e impedirán la liberación de recursos para la concesión de crédito. Apunta a casos como el italiano o el portugués como paradigmas de tales circunstancias, y demanda mayor activismo por parte de las autoridades políticas para poner fin a esta situación de bloqueo prolongado.

Evidentemente, una parte de la solución debe estar en la recomposición de los márgenes de intermediación cuando los tipos de interés nominales comiencen a remontar, tal como en EE UU, que ya han empezado a hacerlo. Pero el paso de crucero de Europa es mucho más lento, y no parece que Draghi vaya a buscar la solución de la banca en una subida de tipos cuando no está en absoluto resuelta la crisis económica, ni siquiera la amenaza de deflación.

En el caso de España, aunque esté la industria en mejor nivel de capital, también tiene un problema de redundancia, con un buen número de entidades que siguen sin saber qué quieren ser de mayores, ya que su dimensión no da en absoluto para competir abiertamente en un mercado cada vez más competitivo, con aparición de nuevos formatos bancarios y en el que la clientela busca una relación diferente a la tradicional con su banco. Y si en Europa hay demasiados bancos, en España parece que cuesta adivinar un futuro en el medio plazo con tantos bancos.

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