Editorial

Colombia necesita la paz y el desarrollo

Colombia
Colombianos reaccionan tras escuchar los resultados del plebiscito. EFE

Los mensajes emitidos ayer por las diferentes partes en Colombia, tras la tan sorpresiva como ajustadísima victoria del no en el plebiscito sobre el acuerdo de paz acordado entre el presidente, Juan Manuel Santos, y las FARC, son un rayo de esperanza. Santos aseguró que, pese al resultado, continuará “vigente” el alto el fuego bilateral y definitivo con las FARC. El máximo líder de la guerrilla, Timoleón Jiménez Timochenko, recalcó en La Habana en su primera reacción tras conocerse el rechazo al plan que la organización mantiene “su voluntad de paz” y “su disposición de usar solamente la palabra como arma de construcción hacia el futuro”. Y lo hace después de reiterar la petición de perdón, tanto él como otros representantes del movimiento insurgente, en los días previos a la consulta. Por su lado, el expresidente colombiano Álvaro Uribe, principal valedor del no con su partido Centro Democrático y, por tanto, gran ganador del plebiscito a pesar del mínimo margen conseguido, se declaró dispuesto a “un gran pacto nacional” porque considera “fundamental que en nombre de la paz no se creen riesgos a los valores que la hacen posible”. A la vez, invitó a la reflexión a la comunidad internacional que apoyó mayoritariamente el acuerdo con las FARC, pidió que se escuchen las razones de su oposición a lo pactado y, lo más importante, afirmó que quienes votaron por el sí o el no tienen “un elemento común: todos queremos la paz, ninguno quiere la violencia”.

Si ese espíritu de entendimiento permanece, algo que no va a ser fácil, y se gestiona con inteligencia y sin apriorismos, no habrán sido en balde los cuatro años de negociaciones en La Habana. Pero lo cierto es que la incertidumbre es hoy mayor que antes de la consulta, y eso no es bueno ni para el país ni para quienes apuestan por su desarrollo. Colombia, con un territorio que cuadruplica el de España y no mucha más población, es el único país suramericano con costa en los dos océanos que bañan América. Sus fronteras terrestres con cinco países y limites marítimos con otros seis dan idea de su importancia geoestratégica en un área que además está históricamente necesitada de inversión, especialmente en infraestructuras.

Las empresas españolas siempre han apostado por el país, y están reforzando su apuesta. El ambicioso plan inversor de Colombia, cuantificado en más de 30.000 millones de euros, es una oportunidad más y la mejor señal del esperanzador futuro al que se dirige un país que, además, ha abierto sus puertas a la inversión privada. Los colombianos, tras más de medio siglo de violencia, y cientos de miles de muertos, claman por una paz desconocida para generaciones enteras. Será la forma de atraer inversores a un país con un potencial como pocos. La comunidad internacional debe ayudar a que esa paz no se malogre.

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