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Trujillo, desborde primaveral

Casonas coloniales, caballitos de totora y marinera en el norte peruano.

Turismo en Perú
Pareja de niños baila durante el concurso de marinera que se celebra todos los años en Trujillo.

Hasta mediados de los ochenta, Trujillo era una de las ciudades más apacibles de la costa norte peruana. Era conocida como capital de la eterna primavera por su clima templado, que se mantenía invariable a lo largo del año. Todos se conocían y el municipio prácticamente acababa en la avenida España, que circunda el centro histórico como un anillo. En las afueras crecían algunas urbanizaciones y barriadas.

Pero en los años siguientes, la masiva migración de la población andina a la costa, en busca de mejores oportunidades –proceso que el sociólogo Matos Mar bautizó como desborde popular–, y el fuerte crecimiento económico perturbaron esa calma.

Trujillo es hoy una ciudad de un millón de habitantes, la mayor parte de los cuales se concentra en los distritos de la periferia. Hay demasiados taxis y microbuses y el tráfico es caótico.

El clima también ha cambiado (corre mucho viento y casi no hay invierno), fenómeno que algunos achacan no al calentamiento global, sino a Chavimochic, un faraónico proyecto de irrigación que ha hecho posible la siembra de grandes plantaciones de espárragos y otros cultivos en zonas que antes eran desiertas, lo que habría alterado el ecosistema.

Plaza de Armas de Trujillo ampliar foto
Plaza de Armas de Trujillo. Cinco Días

La delincuencia ha aumentado. Es preferible evitar los distritos periféricos, donde bandas cobran dinero a cambio de seguridad a microbuseros y comerciantes. Como si fuera un síntoma del momento, el alcalde provincial es un policía retirado al que se acusa de haber dirigido un escuadrón enviado desde Lima para ejecutar delincuentes de forma extraoficial.

Pese a todo, Trujillo es parada obligatoria para cualquier turista que visita el norte de Perú. La ciudad fue fundada por el conquistador Diego de Almagro en 1534. Almagro le puso ese nombre en recuerdo de Trujillo de Extremadura, la tierra natal de su socio Francisco Pizarro, con el que años después se enemistaría.

En el centro histórico, que los españoles trazaron en forma de tablero de ajedrez, se conservan muchas casonas de la época virreinal y republicana. Destacan sus ventanas, con bellos enrejados.

Cuando el ejército del libertador San Martín desembarcó en Pisco, Trujillo fue la primera ciudad en declararse independiente de la corona española, en 1820. El Monumento a la Libertad, ubicado en el centro de la Plaza de Armas, rememora esa gesta. La obra, labrada en mármol por el escultor alemán Edmund Moeller, consta de tres cuerpos.

En el primero están representados el arte, la ciencia, el comercio y la agricultura. En el segundo, una secuencia de tres estatuas escenifican la lucha del hombre contra la esclavitud. En lo alto, rematando el conjunto, un joven erguido sobre el globo terráqueo porta una antorcha.

Chan Chan
Chan Chan, la ciudad de barro más grande de América. Thinkstock

A 15 minutos en coche se encuentra la playa de Huanchaco, destino favorito de los surfistas. Además de comer ceviche en alguno de los muchos restaurantes que funcionan frente al malecón, puede acercarse a los caballitos de totora, embarcaciones hechas con atados de tallos de esta planta que desde tiempos precolombinos son utilizados por los lugareños para pescar.

En la parte alta se levanta una iglesia colonial en la que se venera a la Virgen de la Candelaria del Socorro. La imagen es un obsequio a estas tierras del rey Carlos V y a ella se atribuyen milagros como el fin de una epidemia de peste en 1674.

De camino a Huanchaco puede visitarse Chan Chan, los restos de una ciudadela de barro chimú, civilización anterior a los incas que prosperó en la zona. En sus muros dejaron representaciones geométricas de peces, aves y hombres. De los moche, el otro gran reino que dominó el valle, perduran las Huacas del Sol y de la Luna, templos dedicados a estas deidades.

Probablemente, la mejor época para visitar Trujillo sea enero, en pleno verano, ya que a finales de ese mes se celebra el concurso de marinera, un hermoso baile de pareja que recrea el galanteo de un chalán (criador de caballos) a una campesina mochera.

Guía para el viajero

Shámbar
Plato de shámbar en El Rincón de Vallejo.

Cómo llegar. Trujillo se localiza a 550 kilómetros al norte de Lima. En autobús, el trayecto toma unas 10 horas y en avión, 50 minutos. Avianca y Lan tienen vuelos diarios.

Dónde dormir. Si quiere instalarse en el centro histórico y va holgado de dinero, la mejor opción es el Hotel Libertador, que ocupa una casona colonial de vistosos balcones en plena Plaza de Armas. Actualmente ofrece una promoción de 169 euros la noche en habitación superior (reservas@libertador.com.pe). Fuera del centro, en la urbanización La Merced, puede alojarse en El Gran Marqués, otro cuatro estrellas, donde la habitación estándar cuesta 58 euros la noche (reservas@elgranmarques.com). Ambos establecimientos incluyen desayuno bufe.

Qué comer. La mayoría de restaurantes cumple la tradición de preparar shámbar los lunes. Es una sopa de menestras, piel de cerdo, jamón y ramitas de hierbabuena. Recomendable el que se sirve en El Rincón de Vallejo. El local se encuentra en el jirón Orbegoso, a una manzana de la Plaza de Armas, en la casona donde vivió el poeta César Vallejo en su época universitaria.

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