Editorial

La inflación siempre vuelve

Un hombre reposta combustible en una gasolinera de Total. EFEArchivo
Un hombre reposta combustible en una gasolinera de Total. EFE/Archivo EFE

El indicador adelantado del Indice de Precios de Consumo del mes de septiembre, difundido ayer por Estadística, revela que la tasa interanual de avance de los precios (el incremento en los últimos doce meses) ha sido del 0,3%, lo que supone un deslizamiento alcista de cuatro décimas (estaba en el 0,1% negativo) y abandonar con un movimiento de significativa fortaleza las tasas negativas en las que se ha mantenido en los últimos catorce meses. El detonante de este avance súbito ha sido la energía, pues abandona el cómputo interanual el fortísimo descenso de los precios de los carburantes de septiembre del año pasado, que se había intensificado más en octubre y que anticipa un nuevo avance de los precios en el mes de octubre próximo. En realidad, de consolidarse esta vuelta a los valores positivos de la inflación en España, estaría abandonando las tasas negativas (que no deflación) en las que se ha desenvuelto en los últimos treinta meses (dos años y medio) tanto por la presión de los precios del petróleo, como por la pobreza de la demanda interna, que colocó los precios en niveles mucho más competitivos con la ayuda de un control de los costes, incluidos los salarios, desconocido en las últimas décadas en España.

Durante estos treinta meses esa moderación de los costes de producción ha devuelto unas tasas de competitividad de la economía española que había perdido en los primeros años de circulación del euro, especialmente frente a los países socios de la eurozona. La moderación de los salarios, en muchos casos con recortes muy sensibles de los mismos, junto con la caída de los precios de la energía y de las materias primas, ha generado una notable ola desinflacionista en España (y en toda Europa) y ha incrementado los volúmenes de venta de las empresas españolas fuera, y que ha proporcionado el mantenimiento y la recuperación en muchos casos del poder adquisitivo de las rentas salariales y de las clases pasivas en la economía, pese a subidas nominales nulas o muy exigüas.

Ahora, con una recuperación sostenida de la demanda interna emparejada a tres años de crecimiento económico ha vuelto a activar los precios de casi todas las rúbricas de la cesta del IPC, pero especialmente en aquellas que se construyen con bienes o servicios en los que la competencia solo participa de manera testimonial, y han llevado ya la tasa subyacente (la que excluye alimentos frescos, energía e inflación) al 0,9% en agosto y por encima del 1% en septiembre. Por tanto, ya no podemos hablar ni siquiera de desinflación, pues el núcleo duro del IPC está muy vivo y en tendencia alcista. La inflación siempre vuelve, y todos los agentes que participen en la economía, en la formación de costes y de precios, deben cuidarse de mantenerlos bajo control, porque así mejorará la competitividad, la economía, el empleo y las rentas reales del capital y del trabajo.

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