Editorial

Guindos da la cara pero no convence

Luis de Guindos, ministro de Economía en funciones, dio la cara este martes en el Parlamento por el frustrado nombramiento de José Manuel Soria para un alto cargo en el Banco Mundial. Pero ni el formato de la comparecencia –en Comisión de Economía y no en pleno, por la negativa del Gobierno a la segunda opción– ni sus argumentos resultaron convincentes para una opinión pública sensibilizada sobre la falta de ejemplaridad en la política. Y Guindos, aunque nunca se ha escondido sobre este asunto, no logró escapar de las contradicciones en que ha incurrido el Gobierno desde que, la noche de la investidura fallida de Rajoy, se anunció el nombramiento.

El ministro insistió en que Soria tenía el perfil “idóneo” para ser director ejecutivo en el Banco Mundial. Pero admitió que fue el Gobierno el que después le pidió la renuncia. O una cosa u otra: si el Ejecutivo forzó la renuncia del candidato debía ser porque reconocía su error. Y el error no era solo de formas –por apurar el plazo al máximo para comunicar la decisión minutos después del no a Rajoy–, sino de fondo:Soria dimitió en abril al demostrarse que no decía la verdad sobre su participación en sociedades en paraísos fiscales. Si Soria estaba por ello inhabilitado (políticamente) para ser ministro, no se entiende que se le reserve otro alto cargo internacional. No está implicado en ninguna causa judicial, cierto, pero los límites de la idoneidad política no deben llegar al banquillo de los acusados.

Guindos tuvo que reconocer ayer que la elección de Soria era “discrecional”, cuando en semanas anteriores el mismo ministerio y el presidente Rajoy insistían en que Soria había ganado un concurso y sería ilegal negarle el destino. Esa versión se vino abajo. Ni siquiera era requisito ser funcionario, menos aún técnico comercial del Estado, por mucho que esa haya sido la tradición. En consecuencia, aunque Guindos insistió en el carácter “técnico y no político” de la designación, ha quedado claro que fue una decisión política, obviamente equivocada, que solo se rectificó cuando crecieron las voces críticas dentro del PP. Guindos quiso proteger a Rajoy echándose encima toda la responsabilidad (la propuesta formal es de su secretario de Estado); está por ver que consiga ese objetivo.

Una mala jornada para la credibilidad de las promesas de regeneración política del PP:Rita Barberá encausada por el Supremo, Matas negociando una confesión con la fiscalía y hasta Bárcenas reapareciendo en escena para retirar su acusación sobre la destrucción de sus discos duros en la sede del partido. La nueva etapa política que se abre –y en la que, como siempre hemos defendido aquí, urge la formación de un Gobierno estable– tiene que subir necesariamente el listón de la exigencia ética.

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