Editorial

Dos retos para el mercado laboral

 La ministra de Empleo y Seguridad Social en funciones Fátima Báñez.
La ministra de Empleo y Seguridad Social en funciones Fátima Báñez.

Los últimos datos del Ministerio de Empleo sobre las ocupaciones que más crecen en España apuntan a los operadores de grúa, trabajadores de ayuda a domicilio y empleados de servicios de Correos como los nichos que muestran más dinamismo en el mercado laboral. En el listado de las 15 profesiones con mayores alzas de contratación durante el pasado mes de julio, llama negativamente la atención el hecho de que no se trata en ningún caso de actividades capaces de generar un gran valor añadido para la economía.

De los empleos más demandados, el que acumuló más contratos en términos absolutos fue el de peón de la industria manufacturera –casi 125.000– que es, además, el de mayor valor añadido para la economía del ranking. Como contrapeso, los datos muestran que la precariedad ha descendido en esas ocupaciones, que han visto aumentar el número de contrataciones indefinidas. Es el caso de los ayudantes a domicilio, donde han crecido un 600% los contratos fijos en términos anuales. O de actividades como las desarrolladas por reponedores, monitores de actividades recreativas o conductores de taxi y furgonetas, donde el empleo indefinido ha aumentado un 20%. Si el análisis se hace por segmentos de población activa –por ejemplo, entre jóvenes menores de 30 años– los datos revelan que la profesión con mayor crecimiento es la de camarero, que el pasado mes de julio generó alrededor de 129.000 contratos.

Tras los duros años de la crisis, en los que se produjo una destrucción sistemática y continua de puestos de trabajo, el mercado laboral en España ha iniciado la recuperación y ha vuelto a ejercer poco a poco su función natural de motor de la ocupación. Ese motor lleva ya más de dos años y medio funcionando con fuerza, aunque su ritmo de evolución se haya ralentizado y normalizado, lo que resulta lógico en una economía que va dejando atrás la recesión. El perfil de las ocupaciones creadas durante estos años constituye en buena parte un reflejo de la evolución de la propia recuperación económica y de la confianza en el futuro de las empresas, y ello explica –en parte– el perfil de temporalidad y la baja calidad de muchos de los contratos creados.

Precisamente por ello, España tiene ahora ante sí un doble reto en materia de empleo. Por un lado, mantener un ritmo de crecimiento que permita seguir alimentando la creación de puestos de trabajo, dada la enorme masa de desempleados que ha dejado la crisis. Por otro, apostar por diseñar un nuevo modelo productivo que permita al país afrontar en condiciones de mayor fortaleza los ciclos bajistas de la economía. La construcción de ese modelo requiere de un empleo de mayor cualificación y calidad, en el que se prime el desarrollo tecnológico y la innovación. Se trata de una tarea en la que el protagonismo pertenece a las empresas, pero que los poderes públicos deben facilitar y respaldar.

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