Editorial

El dislate de otras elecciones

El fracaso de la investidura de Mariano Rajoy consumado ayer acerca el temido escenario de una tercera llamada electoral consecutiva para el día de Navidad. El bloqueo político no parece superable: ni Rajoy es capaz de sumar más apoyos de los 170 votos que logró ayer, ni Sánchez muestra disposición ninguna a facilitar que haya Gobierno mediante la abstención, total o parcial, de sus diputados. La dureza de Sánchez en su réplica a Rajoy parece cerrar todas las puertas para la segunda votación de mañana, quizás también para futuros intentos, salvo que la batalla interna en el PSOE forzara un brusco giro en sus posiciones. Tampoco es viable una alternativa liderada por el socialista:ni tiene demasiados puntos en común con Podemos ni puede atar su suerte al apoyo de los independentistas, que en buena lógica le exigirían avanzar hacia el mal llamado derecho a decidir, inasumible por un partido con sentido de Estado.

Seguimos como estábamos, pero perdiendo un tiempo precioso. La idea de volver a las urnas, que puede tentar a los que hacen cálculos frívolos (¿es que cabe esperar un resultado muy distinto?), debe ser desechada. Prolongar la parálisis es una irresponsabilidad que tarde o temprano afectará a la economía. Y a la credibilidad, ya deteriorada, del sistema democrático.

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