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Emmanuel Macron: un raro insurgente

La principal característica del exbanquero de inversión es que mezcla políticas e ideas tanto de izquierdas como de derechas.

El ya exministro de Economía de Francia saliendo del palacio del Elíseo
El ya exministro de Economía de Francia saliendo del palacio del Elíseo

Dimitir del gobierno del presidente Francois Hollande deja a su hasta ahora ministro de Economía, Emmanuel Macron, libre para decir lo que piensa antes de las elecciones presidenciales del país en 2017. El antiguo banquero de inversión de 38 años apoya políticas e ideas de izquierda y derecha. Esto lo hace menos peligroso que el Frente Nacional de extrema derecha de Marine Le Pen –y más propenso a ser absorbido por los partidos establecidos–.

Es difícil encasillar políticamente a Macron, que ha hablado en el pasado de hacer todo lo que esté en poder del gobierno para ayudar a la industria y promover la creación de empleo. En 2015, Macron –que anteriormente trabajó en Rothschild– gastó 1.200 millones de euros para elevar la participación del estado en el fabricante de automóviles Renault con la intención de mantener los derechos de voto dobles para los inversores a largo plazo.

Sin embargo, también ha impulsado una ley de desregulación que reduce los trámites burocráticos, defendido las principales reformas del mercado laboral y recortado políticas como la semana laboral de 35 horas. Esta última medida molestó particularmente en el Partido Socialista. Ha despertado incluso más suspicacias al no definirse sobre sus ambiciones presidenciales. A pesar de que todavía no está claro si Macron se presentará, su seguimiento público le permitirá al menos influir en los debates preelectorales.

Si se toman como referencia las políticas que Macron ha defendido en el pasado, puede que sus planes para resolver el estancamiento de Francia sean más convencionales que radicales. Eso significa que es menos susceptible a forzar a los principales candidatos a adoptar posiciones extremas en política económica –en contraste con cómo Le Pen ha impulsado el debate sobre la inmigración y la integración–. Pero su centrismo también hace que sea más fácil para los grandes partidos asimilar sus ideas –y, tal vez, absorberle en un nuevo gobierno–.

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