Editorial

Un discurso de tono amable y pocas certezas

Investidura
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en funciones, tras la primera jornada del debate de investidura. REUTERS

El guion estaba escrito en el acuerdo suscrito entre el PP y Ciudadanos conocido este domingo, así que no cabían sorpresas en el discurso del candidato a ser investido presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Y si el acuerdo entre los dos partidos pecaba ya de falta de concreción, en especial en las medidas económicas, el mensaje del aspirante en la primera jornada del debate de investidura celebrada ayer fue todavía más impreciso, además de falto de ambición. Pero, vista la situación del país, es comprensible que el pacto entre los dos partidos no ofrezca más que pinceladas de lo que se pretende hacer, y que requiere estudiarse más a fondo. Al menos es un punto de partida aceptable para que España salga de un bloqueo político que implica grandes riesgos, por mucho que la actividad económica mantenga un buen ritmo ajena a la parálisis de sus dirigentes.

Rajoy se presentó ante los diputados como el garante de que España es un país “fiable”, en vez de emprender un camino de “radicalismo e incertidumbre”. Señaló una vez más como prioridad absoluta la creación de empleo, con medidas como el cheque formación para los parados o un fondo de capitalización de cada trabajador, la llamada mochila austriaca. Condicionó futuras rebajas del IRPF (en dos puntos de la tarifa) al cumplimiento del 3% del déficit, y se refirió sin demasiado detalle a las medidas que se anuncian para proteger a los autónomos.

Consciente de que su elección exige al menos 11 abstenciones del PSOE, que se reafirma en el no, el líder del PP adoptó un tono conciliador. Evitó las críticas al PSOE, casi ni mencionado, aunque sí apeló a su responsabilidad. El mayor desafío del país, explicó Rajoy, es asegurar el futuro de las pensiones. Y en este terreno ofrece un pacto de Estado, como otros en asuntos clave:educación, financiación autonómica, cartera de servicios básicos y lucha contra la violencia de género. Esta disposición al acuerdo es la exigible para un periodo político en que tendrán que producirse consensos transversales. No se habría entendido un discurso tan agresivo como en el pasado contra una oposición con la que está condenado a entenderse.

Caben muchas críticas al discurso de Rajoy, pero es obvio que no hay alternativa a su candidatura. Por eso no se entiende a estas alturas la inflexibilidad del PSOE, en cuya postura empiezan a advertirse grietas. Los socialistas tienen la opción de poner precio (político) a su abstención, incluso la de hacer una oposición implacable después. Pero tampoco es lógico comprometer ya el voto negativo a unos Presupuestos de los que no sabemos nada. Si esta estrategia tiene que ver con el calendario electoral (con las elecciones vascas y gallegas a la vista), se comete un grave error. Solo con pactos podría el PSOE sacar adelante medidas que figuran en su programa. Y España no puede perder un mes más.

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