Elecciones en EE UU

La sombra del proteccionismo amenaza la recuperación

El presidente de EE UU, Barack Obama, en una reciente visita a Alemania.
El presidente de EE UU, Barack Obama, en una reciente visita a Alemania.

En el año 2000, la popularidad de Alan Greenspan (presidente de la FED) era del 71% entre población general. En estos quince años, ha habido dos recesiones, una bursátil (2001) y otra con origen financiero que ha afectado a millones de hogares (2007-2009).

La recuperación, con Obama, ha sucedido, pero no con la fuerza en crecimiento (PIB y empleo) como sucedió en el siglo XX. Se han creado 15 millones de empleos y los sectores de actividad se estabilizaron. En febrero de 2009 estaban en la UCI. Sin embargo, los más mayores tienen memoria y recuerdan los años de Bill Clinton como “la edad de oro” y de la “gran moderación”, términos acuñados por numerosos economistas, de derechas y de izquierdas. Estos economistas escribieron en 2010 cientos de libros -para un mercado de 323 millones de personas- en los que explicaban cómo recuperar el lustre económico de América. Mientras, el presidente Obama leía y releía la obra de Fareed Zakaria (entonces director del semanario Newsweek y hoy director de GPS en CNN) The post american world. Obama sacó dos conclusiones de ese libro: América sola no podía salir de la recesión; “en un mundo multipolar” –suele decir Obama, Estados Unidos necesitaba la ayuda de los países emergentes, entonces triunfantes: China, Rusia, México, Turquía, India… Por eso, Obama se empeñó tanto en impulsar el G-20 en detrimento del G-8 y en impulsar tanto el Diálogo Económico y Estratégico con China, como su acuerdo de libre comercio con 12 países del sudeste asiático. Obama también sacó la conclusión de que América necesitaba más ingenieros y más inversión en TIC

Mucho se ha conseguido desde 2009. Ya he hablado del empleo, con una tasa de paro del 4,7% (la real, como sucede en España con la EPA, casi llega al 10%), pero los nuevos puestos de trabajo no satisfacen a quienes los consiguen: muy mal pagados y completamente temporales y sin “derecho a tener derechos”. Los jóvenes, con o sin educación superior, tienen una tasa tan elevada de paro que, siguiendo movimientos como Occupy Wall Street se manifiestan en contra del sistema y apoyan los populismos de Trump (titulares, no propuestas) y Sanders (propuestas imposibles de aplicar en un país capitalista como Estados Unidos).

La recuperación, desigual para ricos y pobres, como señala Hillary Clinton, ha dejado al país destemplado: dos tercios de la población general dicen que el país va en la dirección incorrecta, aunque no culpan a Obama, cuyo índice de popularidad y de aprobación de su gestión alcanza máximos históricos, sino a la Reserva Federal, que según dos encuestas de esta semana de Gallup y de Advice Strategic Consultants, es la institución que inspira menos confianza en el país: le superan el FBI (el primero), la CIA, y, hasta IRS, ¡la Hacienda Pública que recauda impuestos!

Las personas olvidamos pronto. Muchos ya no recuerdan de dónde venimos: cómo en 2009 Estados Unidos estaba a punto de pasar de la recesión a la depresión y Obama lo evitó con su programa de estímulo de 800 billones de dólares americanos que salvaron sectores de actividad y la economía en su conjunto del desastre. La gente olvida que en septiembre de 2011, cuando los republicanos bloqueaban la aprobación del presupuesto y ponían al país al borde del precipicio del “default” o suspensión de pagos por bloquear el aumento del techo de gasto, Obama invirtió otros 400 billones de dólares en ayudar a generar empleo en las pymes. Hillary Clinton, siguiendo esta estela, acaba de anunciar su plan para revitalizar las pymes, que son el 99% del tejido empresarial del país, generan el 56% de las ventas y dos tercios del nuevo empleo. Todo un conjunto de iniciativas que componen un serio programa económico. Trump promete a las pymes, simplemente, una fuerte bajada de impuestos.

En estos años, desde 2009, la economía mundial ha evolucionado a distintos niveles: Estados Unidos ha crecido más que el resto y sigue siendo motor de la economía mundial, con su 25% de PIB total: pero, con una condición, que es la globalización y los acuerdos de libre comercio (NAFTA, TTP, TTIP), que los dos candidatos presidenciales, Hillary y Trump ahora no quieren, porque ven que, electoralmente, es más rentable el proteccionismo.

Los mercados emergentes están en recesión o, como China, en franca desaceleración y una fuerte burbuja de crédito que amenaza con hacer saltar por los aires todo su sistema financiero. Tampoco puede apoyarse el presidente de EEUUen la UE, que tiene sus propios problemas: de identidad (la salida de Reino Unido y sus consecuencias económicas y financieras) y económicos (el crecimiento ha sido, recientemente, del 0,3%, demasiado bajo. ¿Es Norteamérica autosuficiente desde el punto de vista económico? En principio sí, porque es un mercado inmenso basado en el consumo (71% de su PIB) y que tiene de todo: diversidad geográfica y diversificación sectorial. Las principales empresas que innovan son estadounidenses y son las más valiosas del mundo (Apple, Google, Amazon, Facebook, Microsoft, etc); América es el principal mercado turístico mundial: lógico, en un país con cuatro zonas horarias y 50 estados. Y es autosuficiente energéticamente. El mercado inmobiliario se ha recuperado: los precios de la vivienda han aumentado y, hasta julio se han vendido viviendas en niveles similares a los previos a la crisis.

Sí, EE UU podría ser autosuficiente: pero solo en el medio plazo. La globalización es un fenómeno imparable, sin juzgar si es bueno o malo y, el aislacionismo de América afectaría a emergentes y europeos, negativamente, por igual y se traduciría en proteccionismo en todos sitios, como en la Gran Depresión. ¿Exageramos? No. La FED, con su reunión de Jackson Hole, es prudente. “Nadie quiere volver a una depresión mundial”, auguró el nobel Joseph Stiglitz.

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