Coleccionista de arte

Diego Acedo: “A una obra de arte se la conoce con el paso del tiempo”

Vive y trabaja entre 200 obras que guarda entre su despacho y sus casas de Madrid y Málaga

Comenzó a comprar arte con 25 años.

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Dos obras de Paluzzi (a la izquierda y en el centro) y otra de Francis Warringa (derecha).

Está en plena mudanza, y al habitual trajín se le suma, en su caso, el quebradero de cabeza que supone escoger el lugar que ocupará cada obra de arte en la nueva vivienda. “Para mí es algo fundamental. Cada pieza pide un sitio y necesita de un espacio”, explica Diego Acedo (Badajoz, 1960), abogado y coleccionista de arte. Aunque este último término no le convence demasiado. “Cuando nos referimos a los libros, discos o vídeos que alguien tiene y disfruta tenemos una palabra, ya sea biblioteca, discoteca o videoteca. No ocurre lo mismo con el arte”, explica. Quizá porque por encima de su mérito como obra, se impone su valor de mercado, añade.

Composición fotográfica de Pablo Márquez.
Composición fotográfica de Pablo Márquez.

Es totalmente entendible, matiza, que alguien levante una colección bajo un criterio determinado, ya sea moda, movimientos, tendencias o mercado. Pero no es su caso. “Mi colección es más bien una acumulación de cuadros, dibujos, esculturas o fotografías reunidos para disfrutarlos, tenerlos cerca y poder revisarlos y sentir lo que me dicen. Nada más”.

Reúne algo más de 200 obras diseminadas entre sus viviendas de Madrid y Málaga y su despacho de trabajo, donde se realiza la entrevista, y en el que acumula varias decenas “para disfrutarlas y conocerlas también aquí, donde paso gran parte del día”. No obstante, reconoce que estas piezas van y vienen cada cierto tiempo de una de sus casas a su oficina, y viceversa. “Porque a una obra de arte se la puede echar de menos”. Dos de obras de Rinaldo Paluzzi visten dos de las salas de su oficina. “Son acrílicos sobre tela y tabla, en los que juega con la geometría y la simetría”. También cuenta con dos de Sofía Madrigal: un cuadro del paisaje urbano de Madrid y una escultura de pladur, “que representan su visión particular de la ciudad”.

La mayoría de su colección está formada por obras y artistas de estilo contemporáneo, como lo es también el acrílico de Francis Warringa o una pintura de Rufo Criado, “en la que, con componentes materiales de aspecto industrial, levanta una propuesta relacionada con la naturaleza”. Sin embargo, Acedo recuerda que no cierra ninguna puerta, y que su repertorio es totalmente variado. Prueba de ello es una composición de Pablo Márquez, en la que junto a fotografías de prisioneros rusos incluye una de su perro; “es la parte más humana de la obra”.

Recomienda a todo aquel que quiera iniciarse en este mundo conocer todo el abanico del arte, “no como mercado, sino como propuesta, y así empezar a formarse para descubrir qué te atrae. Es tanta la oferta y hay tanto donde elegir, que es imposible que no te guste un estilo o artista. Dicen que todos llevamos un artista dentro, yo creo que también a un coleccionista”.

Escultura de Sofía Madrigal, en la que plasma su visión de Madrid.
Escultura de Sofía Madrigal, en la que plasma su visión de Madrid.

Llegó al mundillo de la mano de la galerista Evelyn Botella, con la que mantiene buena relación, “a esto se debe que junto a dos socios hayamos abierto la galería El Pacto Invisible, en Málaga”. Las dos primeras obras, que adquirió a los 25 años, le siguen acompañando en la casa malagueña. Una pareja de cuadros de Pilar Aladrén, “de los que sigo disfrutando de manera distinta a cuando los compré. Porque a una obra se la conoce de verdad con el paso del tiempo”.

Explica este abogado que cuando siente un flechazo por una pieza, hace todo lo posible por conseguirla. “Incluso si no estás en un momento económico bueno, puedes reservarla, o incluso recurrir a un intercambio o permuta, algo que puedo hacer gracias a mi profesión”.

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