Secretos de despacho

Cortina: “Me obsesiona explotar los datos que pierden las empresas”

Cortina trabaja en una oficina funcional, pensada para estar como en casa

Cortina: “Me obsesiona explotar los datos que pierden las empresas”

Ser el número uno. Ese es el ingrediente secreto que ha guiado la trayectoria de José Luis Cortina (Bilbao, 1958), consejero delegado de la consultora tecnológica Neovantas. “Siempre fui el número uno, primero en el colegio, luego en la Escuela Superior de Ingenieros Industriales de Bilbao, y más tarde en la Comercial, hoy la universidad Deusto”, resume Cortina.

Esa es la razón, asegura, por la que, tras terminar sus estudios, encontró trabajo rápidamente en McKinsey en 1985, para pasar 12 años más tarde a Mitchell Madison Group y liderar la firma en el sur de Europa. No sería hasta 2003 cuando Cortina comenzó su carrera en solitario. Encontró a Novantas en Estados Unidos, una firma especializada en el sector financiero, el germen del que fue después su proyecto empresarial. Aunque como reza el proverbio de Mahoma y la montaña, fue el propio Cortina el que tomó la iniciativa. “Llamé a la sede de Nueva York y les comenté que tenía un plan interesante, implantar las tarjetas revolving”. Y así arrancó con la filial en España. “Empecé con Isidro Fainé en La Caixa, que no tenía este tipo de tarjetas”.

Es el segundo secreto de Cortina: tratar de sorprender con iniciativas novedosas e impactantes a las organizaciones. La distancia entre Madrid y Nueva York, sin embargo, comenzó a pesar. Y desde 2015, la oficina española se separó de la matriz, “y así nació Neovantas [se le añadió la e]”, comenta en su oficina, en el centro de Madrid.

Piezas de arte para relajar la jornada

Entre la amplia cartera de clientes de Neovantas se encuentran gigantes de la talla de Telefónica, BBVA, La Caixa u Orange. “Esa es una de las claves. Yo soy pequeño, pero estoy rodeado de grandes y buenos aliados”, resume José Luis Cortina, que aunque rebosa pasión por su trabajo, reconoce que muchas veces su labor es cansada.

Uno de sus remedios para evadirse es una pieza de bronce de un caballo, creación del artista malagueño Pedrín y comprada en Menorca, que le traslada a su querida isla. “Es la más pobre de Baleares, pero tiene el encanto de te que puedes encontrar a ti mismo mejor que en ninguna, además de todas las zonas desconocidas que tiene para pasear”. De hecho, el citado artista fabrica esas esculturas en varios tamaños. “Compré esta que es pequeña, pero porque no podía meter una de las grandes en el despacho”.

Entre reuniones, cafés y videoconferencias, se guarda el momento de la comida para él solo. “Generalmente lo hago tarde, porque además aprovecho para leer la prensa”.

Tras salir de la oficina, intenta ir a buscar a su hija al colegio, a eso de las ocho de la tarde. Si no, intenta practicar un poco de deporte. “Nunca fui bueno en ninguno, siempre he jugado el papel de intermedio, peleón”. Porque no se puede ser bueno en todo, y así como en los estudios reconoce que siempre fue el número uno, en el deporte la cosa cambió. “Practiqué surf en Bilbao, luego windsurf, tenis, pádel y senderismo. No soy el mejor, pero me lo paso bien y me distraigo, que de eso se trata”, comenta.

Allí trabajan cerca de 30 personas, y Cortina presume del liderazgo horizontal que ha sabido implantar. Su función pasa, sobre todo, por marcar la visión general de la empresa y pensar en el futuro; pero también por relacionarse con los nuevos clientes y participar en los proyectos de más interés de la firma. El último de ellos, una aplicación pensada para que las organizaciones puedan conocer de antemano la opinión de sus consumidores. “Desde hace seis años estoy obsesionado con explotar la información desestructurada que pierden las empresas”. Por ejemplo, los datos que se olvidan en las grabaciones telefónicas o en los correos electrónicos. Es, recalca, una parte desconocida del big data. “Con lo que sé de consultoría desarrollo herramientas muy concretas. La idea es conocer, o incluso predecir, la satisfacción de los clientes”.

Las oficinas de Neovantas están diseñadas únicamente para desarrollar el trabajo del grupo. “Son funcionales”, prosigue. Ocupan un antiguo piso, de muros robustos y altos techos, y están divididos en varias salas. “Los pisos antiguos no dan para más”. Cortina ocupa una de ellas, que se divide entre un espacio con mesa común y un pequeño despacho privado. “Somos una empresa de mentalidad juvenil, pero mi procedencia es clásica. Me gusta tener mi propio despacho, que cuido para sentirme como en casa”, afirma. Minuciosamente ordenado, y sin ningún papel fuera de lugar, un par de cuadros comprados en Venecia y varias pequeñas piezas traídas de Menorca le recuerdan a sus dos lugares favoritos. “Procuro ir con mi familia cuando podemos, son nuestros oasis”.

Así, el cambio de cada mañana del domicilio a la oficina resulta mucho más llevadero. “De hecho, empiezo a trabajar a las 7.30 en mi casa, desayuno una hora más tarde, y continuo hasta las 10”, relata. A las 11 de la mañana cruza la puerta de las oficinas y comienza la segunda parte de la jornada. “Reviso agenda, tomo un café con alguno de mis diez magníficos [como llama a sus directivos] o tengo una videollamada con algún colaborador o socio, aunque ningún día es igual a otro”.

Reconoce que ya no viaja tanto como antes. Una vez cada tres meses procura cruzar al charco rumbo a Latinoamérica, una región clave para la firma, o a Italia, otro mercado que se le torna interesante. “La tecnología ya lo resuelve todo, con un ordenador y conexión a internet ya puedo hacer casi todo”.

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