Editorial

Moderación salarial para el nuevo curso

El presidente de la CEOE, Juan Rosell.
El presidente de la CEOE, Juan Rosell. EFE

Patronal y sindicatos comenzarán el curso en septiembre con una hoja de ruta en la que figura de forma destacada una apuesta por la moderación salarial. A finales de año concluye la vigencia del III Acuerdo para el empleo y la negociación colectiva (AENC) y la intención de CEOE es retomar los contactos con UGT y CCOO para renovar ese pacto con alzas salariales que apenas superen el 1%. El calendario se explica porque la patronal está a la espera de que se formalice el nuevo Ejecutivo y a que este de a conocer las grandes líneas de las cuentas públicas para 2017, antes de sentarse a negociar con los agentes sociales.

La idea es continuar en la misma línea de lo que ya están pactando empresas y trabajadores en la actualidad y lo que han hecho también en los últimos ejercicios. El tejido empresarial ha fijado los incrementos salariales con mayor moderación de lo recomendado en los acuerdos suscritos con los sindicatos. Si en 2014, el porcentaje de aumento real fue de 0,57% frente al 0,6% pactado; en 2015, la cifra fue del 0,74% frente a una recomendación del 1% y este año –hasta el 30 de junio– pese a que lo pactado asciende a un máximo del 1,5%, las mejoras aprobadas por las empresas alcanzan solo el 1,12%.

De los datos anteriores se deduce que el tejido empresarial español se está adecuando a sus posibilidades y necesidades a la hora de negociar los salarios y que estos, de momento, se mantienen dentro de la moderación. Buena parte de la recuperación económica que España ha vivido en los últimos ejercicios tiene que ver con esta devaluación interna de costes empresariales –con los salarios en un lugar destacado– y de precios. Esa apuesta por la austeridad ha facilitado una rápida recuperación de la productividad española y una notable mejora, en algunos sectores, de la competitividad. Un buen ejemplo de ello es la industria del automóvil, que ha realizado un esfuerzo digno de imitar en cuanto a retribuciones y rebaja de costes, lo que se ha traducido en una oleada de contratos que han colocado en un lugar especialmente privilegiado al sector del motora.

Si la actitud de la patronal y de los sindicatos es la que podría esperarse de un país que se halla inmerso en un proceso de recuperación, no se puede decir lo mismo de una clase política que sigue sin cerrar los acuerdos necesarios para dotar al país de un Ejecutivo capaz de tomar decisiones. No solo los acuerdos de negociación colectiva, sino un importante número de decisiones empresariales, está pendiente de que España sea capaz de contar con un nuevo Gobierno. Ni las compañías ni los ciudadanos pueden seguir esperando indefinidamente a que alguien coja el timón del país y de su economía y comience a marcar la ruta del nuevo curso.

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