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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Superar la parálisis política

Felipe VI y Rajoy, ayer en el Palacio de la Zarzuela.
Felipe VI y Rajoy, ayer en el Palacio de la Zarzuela.EFE

A diferencia de lo ocurrido tras las elecciones de diciembre, el presidente en funciones, Mariano Rajoy, aceptó finalmente el encargo del Rey de intentar formar Gobierno, sin excluir del todo renunciar a la investidura si no logra apoyos. Era lo mínimo exigible para poner en marcha la legislatura, pero es solo un primer paso para vencer la parálisis en que está instalada España desde hace demasiado tiempo. La ronda de consultas del Rey ha revelado que el PP está muy solo en el Congreso (apenas puede contar con los apoyos de UPN y Foro Asturias). El socialista Pedro Sánchez, ratificó ante el monarca su no a Rajoy, y no despejó las sospechas de que pueda intentar él mismo la investidura si el PP fracasa. Ciudadanos insistió en que no iría más allá de la abstención, porque para votar sí haría falta un Gobierno de consenso sin Rajoy al frente. De Podemos no se esperaba ningún gesto que facilite la investidura. Y los nacionalistas vascos y catalanes fueron rotundos en su rechazo a Rajoy, lo que ha dado pie a las expectativas de que fuera posible un Gobierno de izquierdas con su apoyo.

Esta idea no parece viable ni deseable. El margen con el que el PP ganó las últimas elecciones hace inviable una solución que lo excluya. Los programas de PSOE y Podemos parecen hoy demasiado distantes, en muchos términos antagónicos, para poder conciliarse. Y que ese hipotético Gobierno dependiera del apoyo de partidos que desde el Parlamento catalán están desafiando la legalidad en una loca carrera hacia la ruptura de España sería imposible de explicar ante la opinión pública. Por esos mismos motivos no es razonable esperar que sean los votos independentistas los que salven al candidato del PP, como sugiere Sánchez.

Es la hora, por tanto de Rajoy. Tiene distintas opciones sobre la mesa, que ayer quiso dejar abiertas. Una es la gran coalición, con PSOE y Ciudadanos, peroesta puerta ya la han cerrado Sánchez y Rivera. Esa fórmula tendría ventajas para la estabilidad política y económica, pero grandes riesgos para los aliados potenciales, y requeriría un presidente de consenso. Descartada esa vía, cabría un Gobierno del PP solo con Ciudadanos, que estaría cerca de la mayoría absoluta, pero ya se sabe el precio que exige Rivera. Así que el único escenario viable hoy es el de un Gobierno en minoría de Rajoy que requeriría de la abstención, o algunas abstenciones, en el PSOE, un paso que los socialistas se resisten a dar, temerosos del rédito que sacaría Pablo Iglesias. Con todo, la abstención sería una opción responsable y explicable a la militancia en el sentido de Estado.

El papel que corresponde al PSOE es el de una oposición exigente, dispuesta a acuerdos y a forzar cambios políticos importantes. Para jugar ese papel, no tiene otro camino que facilitar la investidura. Porque la otra opción, volver a las urnas, sería un disparate de consecuencias incalculables hoy.

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