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La City londinense sobrevivirá al ‘brexit’

No existe a día de hoy una ciudad que ofrezca una alternativa ordenada a la capital británica

Brexit
Vista de varios edificios de la City de Londres.

La City de Londres seguirá siendo un centro financiero durante más tiempo del que Reino Unido pertenecerá la Unión Europea. Las conversaciones sobre la salida de la UE del país podrían conllevar regulación adicional, mayores costes y más requisitos de capital para el sector financiero. Pero es poco probable que los clientes –principalmente, gestores de fondos y empresas no financieras– se muevan mucho. Impulsan el llamado efecto cluster.

En primer lugar, hay que pensar en lo peor que podría pasar en las conversaciones de salida de Reino Unido de la Unión Europea. Ello implicaría una pérdida de los llamados derechos de pasaporte que permiten a los bancos vender los servicios de una oficina británica en todo el continente sin restricciones.

Algunos negocios se moverían, como la convalidación de títulos denominados en euros. Estos probablemente se trasladarían a Frankfurt o París, lo que podría conducir a la marcha de entre 30.000 y 50.000 empleados, o hasta una décima parte de los trabajadores totales de las finanzas basados en Londres, según los cálculos del think tank New Financial.

Pero otros negocios podrían quedarse. Los profesionales de mercados de capital riesgo, asesoría y los operadores de divisas y materias primas deberían poder ejercer su oficio en Londres como antes. Los mercados de divisas y materias primas no están sujetos a una regulación europea y los clientes británicos suelen representar hasta un tercio del total de las cuotas de asesoramiento sobre capital y fusiones en Europa, según datos de Thomson Reuters. Dicho esto, Londres podría perder otros negocios de trading y de mercados de capitales de deuda.

No es que a los bancos les guste estar cerca de sus rivales, sino más bien que tiene sentido estar cerca de los clientes

Todo ello crearía dos tipos de costes para los bancos de inversión en particular. Sin derechos de pasaporte, sus costes operativos anuales podrían incrementarse en un 3%, según Boston Consulting Group. El otro es el coste de capital. Los bancos europeos podrían tener que configurar las filiales capitalizadas por separado, tanto en la Europa continental como en Reino Unido, lo que posiblemente daría como resultado un requisito de capital adicional de hasta 40.000 millones de euros, de acuerdo con los cálculos de Boston Consulting Group. Eso afectaría a bancos europeos como BBVA, BNP Paribas, Deutsche Bank, Intesa Sanpaolo, Societé Générale y UniCredit más que a sus rivales de Estados Unidos, que ya cuentan con filiales en Londres.

Sin embargo, el coste de la mudanza podría ser aún mayor –y es más difícil de cuantificar–. No hay una sola ciudad que ofrezca a día de hoy una alternativa ordenada a Londres. Frankfurt y Dublín son los dos principales candidatos. París, Milán, Madrid y Ámsterdam son opciones de segunda línea. Pero todos tienen problemas. Por otra parte, desplazar al personal es engorroso y caro. Consultores Synechron cifra el coste de reubicación en unas 50.000 libras (60.000 euros) por empleado.

El factor decisivo podría ser el efecto cluster. No es tanto que a los bancos les guste estar cerca de sus rivales, sino más bien que tiene sentido estar cerca de los clientes. Las aseguradoras y gestores de fondos, dos tipos importantes de cliente, probablemente se verían menos afectados por un brexit difícil que los bancos.

Las compañías de seguros, por ejemplo, tienden a tener filiales capitalizadas por separado en toda la UE, y el bufete de abogados Norton Rose Fulbright espera que los tratados bilaterales entre la UE y Reino Unido permitan mantener a la industria más o menos intacta. Tampoco parece probable que las grandes empresas con sede en Londres comiencen a abandonar la Bolsa en masa. Muchas de estas compañías proceden de Reino Unido o de mercados emergentes y favorecen a la Bolsa de Londres por su alto volumen de operaciones.

La decisión más fácil para los bancos en este momento es no hacer nada. Los políticos todavía pueden hacer que a las entidades les merezca la pena quedarse. La nueva primera ministra británica, Theresa May, se ha resistido a hablar sobre los servicios financieros en público desde que asumió el cargo. El sector es demasiado tóxico como para apoyarlo. Pero es poco probable que quiera ver cómo un actividad que genera una gran cantidad de impuestos para las arcas británicas se disuelva o se marche durante su mandato. A medida que el humo del brexit se disipe, puede que Londres tenga que compartir su condición de centro financiero, pero es poco probable que la pierda.

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