Las consecuencias del 'brexit'

Carrera por pillar los despojos de la City

París inicia la batalla para ser la nueva capital financiera de la UE

Ámsterdam y Dublín también compiten, España parte de mala posición

Imagen de Ámsterdam.
Imagen de Ámsterdam.

Ni siquiera se sabe aún cuándo empezarán las negociaciones para la salida del Reino Unido de la UE, pero entre los 27 socios que se quedan ya ha empezado la carrera por hacerse con partes del negocio de la City, el distrito de Londres que desde hace décadas ejerce de capital financiera de todo el continente. Varias ciudades aspiran al título, como Ámsterdam, Dublín o Luxemburgo. Pero, de momento, París toma la delantera.

En pie de guerra y sin misericordia, la capital francesa ha iniciado la batalla para arrebatar a Londres el lucrativo negocio financiero de una City que supone el 12% del Producto Interior Bruto del Reino Unido y que mantiene más de dos millones de empleos.

La semana que viene (5 y 6 de julio) la gran industria financiera francesa comenzará su ofensiva contra la City, durante el congreso anual de Europlace París, una plataforma que agrupa a los principales nombres del sector.

El programa oficial del encuentro parece relativamente inocuo, con sesiones sobre la innovación financiera y un inocente debate sobre “nuevas perspectivas después el referéndum en Reino Unido”. Pero fuentes del sector que asistirán al congreso aseguran que “en París solo se va a hablar de cómo atraer negocio y, en particular, del que pueda salir de la City".

Los organizadores tampoco ocultan su intención. Europlace ha pedido a la UE que “negocie la salida de la UE sin concesiones”. “Una vez fuera”, añade esa organización, “el Reino Unido debe ser considerado como un país tercero y, por tanto, debe perder los beneficios del pasaporte europeo para acceder a los mercados financieros”.

El objetivo de Francia es claro: hacerse con el centro financiero europeo. Y el barrio parisino de La Défense parece el mejor candidato a ser la nueva City. La plataforma del sector subraya que Francia cuenta con cinco de los 20 mayores bancos europeos y que el sector gestiona ya desde París activos por valor de 3,6 billones de euros.

Pero otros países también aspiran a hacerse con los despojos de la City, suponiendo que se confirme su declive. “Varios Gobiernos ya han designado grupos de trabajo para analizar las consecuencias del brexit”, reconocen en Bruselas fuentes diplomáticas. La ingente tarea por delante consiste en delimitar las repercusiones legales de la salida, tanto desde el punto de vista institucional como empresarial y social. Pero en paralelo a ese complicadísimo proceso de divorcio también discurre la pelea por situarse como nueva capital financiera de la UE y, sobre todo, de la zona euro.

  • Fráncfort no cuaja

Holanda, Irlanda o Luxemburgo, que ya cuentan con importantes plazas financieras, albergan la esperanza de salir beneficiados. Fuentes bancarias aseguran que Ámsterdam “tiene muy buenas perspectivas, por su proximidad con Londres en las formas de trabajar”.

Los expertos también apuntan hacia Dublín y Luxemburgo como destino para los fondos de inversiones destinados a minoristas. La capital irlandesa, en concreto, es muy bien valorada, por el sector. “Dispone ya de buenas infraestructuras, desde el punto de vista contable, auditor o legal, y aplica un derecho similar al británico”, señala una fuente del sector. Y todos coinciden en un valor añadido: “Se habla en inglés”.

Bruselas también cuenta con posibilidades en servicios como compensación y liquidación internacional, en los que ya es puntera. Pero la reciente crisis financiera ha puesto de manifiesto el riesgo que corren los países pequeños cuando dejan crecer de manera desmesurada al sector financiero, sobre todo, en áreas de negocio que pueden arrastrar al Estado. Francia o Alemania, en cambio, podrían soportar una City del tamaño de la de Londres.

Fráncfort se perfiló como rival del distrito londinense cuando nació el euro, en 1999, dado que se instaló en esa ciudad el Banco Central Europeo. Pero nunca ha llegado a hacer sombra a la capital británica Un inconveniente que se menciona, aunque parezca anecdótico, es el idioma. “Si vives allí, al final hay que hablar alemán”, apunta un banquero internacional.

A ello se añade la escasa simpatía de las autoridades alemanas por modelo financiero como el anglosajón, basado sobre todo en el riesgo. “Alemania es el único país de Europa donde el Gobierno no se lleva bien con su principal entidad, el Deutsche Bank”, apunta un alto cargo de la banca europea.

España parte de mala posición para suceder a la plaza británica

B. de Miguel / J. Portillo

España no parece estar bien colocada para hacerse con partes del negocio que podría perder la City londinense si el brexit (salida del Reino Unido de la UE) provoca una estampida del sector financiero. Fuentes del sector lamentan que en territorio español no se haya desarrollado la infraestructura necesaria para albergar un gran centro financiero. Y por infraestructura se refieren a la presencia de servicios tan desarrollados en la City de Londres como los de contabilidad, auditoría, asesoría legal o, incluso, mantenimiento informático. “Me temo que hemos perdido ese tren”, chasquea un sazonado banquero.

La industria financiera española intentó desarrollar en Madrid una “ciudad financiera”, pero el proyecto, aseguran en el sector, “se desinfló”.

España, en cambio, sí que podría aspirar a hacerse con la Autoridad Bancaria Europea (EBA, en sus siglas en inglés), la agencia de la Unión Europea con sede en Londres. Ese organismo ya ha señalado que deberá abandonar la capital británica e instalarse en territorio comunitario una vez que Reino Unido abandone la UE.

La EBA se creó al mismo tiempo que al Agencia europea de Mercados bursátiles (ESMA) y la Agencia europea de seguros y pensiones (EIOPA) y las sedes se repartieron entre las principales capitales financieras de la Unión: Londres, París y Fráncfort. El abandono del Reino Unido abriría camino a as aspiraciones de otros países, como España o Italia. A favor de España juega la importancia europea de algunas de sus entidades, como Santander o BBVA. En contra, el desprestigio del regulador, el Banco de España, por su gestión durante la crisis financiera posterior a la burbuja del crédito inmobiliario. La asignación de las sedes se aprueba por unanimidad en el Consejo Europeo.

Aunque esta será una carrera de fondo, el momento político es poco propicio para acometer el pulso diplomático necesario para terminar sacando partido al brexit. Así lo demuestra el hecho de que las autoridades españolas, sumidas en la resaca electoral de los comicios del 26J y a la expectativa de ver si esta vez se logra conformar un Ejecutivo, fueran incapaces de argumentar ayer los beneficios que presenta el país a la hora de acoger algunas de las instituciones o servicios que abandonan la City londinense. Mientras, otras grandes capitales europeas ya se han ido postulando para hacerse al menos con una parcela de la gran plaza financiera.