Automoción

¿Se rompe el sueño de la conducción autónoma?

Los accidentes de vehículos de Tesla con el piloto automático, uno de ellos con una víctima mortal, ponen bajo los focos las tecnologías de asistencia a la conducción

El Tesla Model S
El Tesla Model S EFE

El afán del ser humano, en ocasiones, de conducir el tren del futuro demasiado rápido pone a este futuro al borde del descarrilamiento. La humanidad se ha acostumbrado a que los avances tecnológicos se suceden a la velocidad de un click y todo lo que se supone que es para mañana, debería ser, ante nuestros ojos ávidos, realidad desde ayer.

Pero la investigación lleva su tiempo y aguantar los plazos a veces es demasiado difícil. Es como pedirle a un niño que no abra sus regalos cuando los tiene delante. ¿Cuántos de ellos no se arriesgarán a rasgar el papel?

Tesla ha colocado una parte del regalo de la conducción autónoma delante de sus clientes y estos no han podido resistir la tentación de llevar al límite este avance. Se han dejado llevar, por más que la automovilística se canse de remarcar que no ofrece “conducción autónoma” sino “asistida” y que los conductores no pueden “quitar las manos del volante ni los pies de los pedales”. No lo han hecho así y el resultado ha sido la primera víctima mortal en un Tesla Model S con conducción Autopilot. El sistema no detectó la parte blanca de un trailer en una autopista y se estrelló contra él. El conductor tampoco pudo reaccionar.

Todos los focos mundiales se han colocado sobre Tesla y sobre esta tecnología, tan prometedora. Sus detractores alzan la voz, pidiendo más controles gubernamentales, más pruebas, más regulación. Sus defensores sostienen, entre otros argumentos, que reducirá los accidentes radicalmente.

Según un estudio internacional de Accenture, los coches conectados salvarán 720.000 vidas al año y prevenirán alrededor de 30.000 lesiones por accidente de tráfico anualmente. “Los accidentes producidos se deben más a una falta de entendimiento que a un fallo de la tecnología.

Los conductores no debían haber asumido que la conducción era autónoma”, señala Enrique Dans, profesor de sistemas de información del IE. “Sería una auténtica barbaridad echar el freno a una tecnología que va a revolucionar la movilidad actual y que supone una propuesta de valor muy importante para la industria y la sociedad”, señala Dans.

Tesla ha tomado la estrategia de ir introduciendo tecnología asistida en sus coches, de cara a la autonomía total en unos años. La apuesta de Google, el otro gran competidor en este campo, es la de la autonomía total.

Solo hay prototipos de vehículos de esta tecnológica y no tienen ni volantes ni pedales. “La única manera de que sean seguros es no dejar actuar al humano”, explica Dans. Lo bueno de estas tecnologías, aunque suene algo descarnado, es que aprenden. Los accidentes que tienen una vez no se repetirán porque el algoritmo se actualiza.

Las automovilísticas, las tecnológicas, las aseguradoras ya están echando sus cuentas sobre cómo va a impactar a sus negocios y cómo sacar el máximo partido a esta tendencia, que según todos los expertos, será una realidad en 2020 (y no ahora). Según datos recopilados por Bloomberg, en 2025 habrá más de 220 millones de vehículos autónomos en las carreteras de todo el mundo, moviendo un mercado valorado en unos 37.000 millones de euros.

Los primeros afectados serán los transportes de viajeros y mercancías, como taxis, camiones y autobuses, que verán cambiar radicalmente su modelo de negocio porque ya no serán las personas las encargadas de conducir o será muy caro, por las pólizas de seguro.

Aun así, la confianza en la tecnología es la clave de esta revolución. Si dejamos nuestra vida en manos de una máquina porque creemos que lo va a hacer mejor o preferimos seguir jugándonos nuestro propio pellejo al volante. Las máquinas no beben ni se duermen ni se distraen pero pueden ser hackeadas, pueden desconectarse o tener fallos de programación.

Las automovilísticas y tecnológicas tienen años por delante para solucionar esta disyuntiva. Y mientras, mejor dejar las manos en el volante.

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