Coleccionista de arte

María Porto: “Era becaria y ya compraba arte a plazos, con esfuerzo”

Vive rodeada de una treintena de cuadros y esculturas, sobre todo de artistas de su generación

Empezó a atesorar piezas al trabajar para la galería Marlborough.

María Porto: “Era becaria y ya compraba arte a plazos, con esfuerzo”

La vida de María Porto (Madrid, 1969) no se concibe sin el arte. A pesar de que estudió Derecho, comenzó su carrera profesional en 1992 en la Galería Marlborough de Madrid, donde estuvo a cargo de varios departamentos hasta que en el año 2000, y hasta 2005, fue nombrada directora.

María Porto posa con una acuarela de José María Sicilia, la primera obra de arte que adquirió.
María Porto posa con una acuarela de José María Sicilia, la primera obra de arte que adquirió.

De esta vocación nació su gran afición: la de coleccionista de arte. “De forma muy modesta, empecé a comprar arte poco a poco. Estando en contacto con los artistas te enamoras de su trabajo y te vas enganchando”, afirma Porto, que en la actualidad dirige Aqualium, una empresa dedicada al diseño, desarrollo y asesoramiento en el mundo del arte.

La vivienda de Porto, en el barrio de Chamberí, se asemeja a una pequeña pinacoteca, donde exhibe cuadros y esculturas, alrededor de una treintena, en todos los formatos y en cada rincón. Cada una de las piezas encierra una emotiva historia que la propietaria va recuperando a lo largo de la entrevista. “Cuando compré mi primera obra era becaria en la Marlborough. Vivía en casa de mis padres. Fue una acuarela de José María Sicilia, y se la pagué a plazos, a 5.000 pesetas (30 euros), a la galerista Soledad Lorenzo. Me costó mucho pagarla”, recuerda. La obra, unas flores que insinúan una mancha, ocupa un espacio relevante en el vestidor de María Porto.

Cuando no se dispone de sumas importantes, soy partidaria de empezar con el grabado”

Afirma que nunca ha adquirido arte como un valor refugio, aunque sí reconoce que es una inversión segura, sobre todo ahora que es un sector sólido. “El arte bueno se vende siempre, aunque las tendencias van cambiando. Ahora, por ejemplo, el mercado asiático es muy fuerte, como hasta hace poco lo ha sido el ruso”. En su caso, reconoce que en una ocasión vendió una obra de Manolo Valdés “y metí la pata, fue para pagar esta casa”. No le gusta desprenderse de la belleza que le rodea, a pesar de que reconoce que tiene buen ojo para elegir las piezas. Por ejemplo, una acuarela que compró, “con mucho esfuerzo”, por 250.000 pesetas (unos 1.500 euros) de Abraham Lacalle, “hoy se ha revalorizado mucho más”. También le ha sucedido con una escultura de Blanca Muñoz, a la que destinó 3.000 euros. “Me ha gustado apostar por los artistas de mi generación. Por ejemplo, no podía permitirme un Chillida o un Saura y me compré un grabado de cada uno”.

Aconseja a futuros coleccionistas entrar en las galerías, preguntar, no tener miedo, leer, mirar y empezar por comprar obras al alcance del presupuesto de cada uno. “Cuando no se dispone de sumas importantes, soy partidaria de comprar grabados”. Es una iniciativa que recientemente puso en marcha en el Espacio de las Artes de El Corte Inglés, al que asesora y para el que seleccionó 75 grabados de autores como Miró, Tàpies, Canogar, Arroyo o Gordillo, que salieron a la venta con un 75% de descuento. “Es importante ir a exposiciones para educar el ojo, pero sobre todo apostar por artistas en los que crees. El arte es una pasión al alcance de cualquiera”.

Reconoce que el costaría calcular el dinero que ha invertido en piezas de Miró, Gordillo, Uslé, Hernández Pijuán, a pesar de que también tiene algún regalo de los artistas, como el cuadro con el que Lucio Muñoz le obsequió por su boda, o El perro de Goya, que le hizo Antonio Saura. Se considera afortunada y anima a futuros coleccionistas a no tener miedo:“Las galerías deben ponérselo fácil a la gente. No hay que tener miedo a comprar arte, aunque sea a plazos”, explica, delante de una espiral de Martín Chirino.

Sueña con un ‘bill viola’

María Porto: “Era becaria y ya compraba arte a plazos, con esfuerzo”

Le encantaría adquirir una obra del videoartista estadounidense Bill Viola, “pero no tengo dinero para comprármela”, dice, muy espontánea, esta coleccionista, que ante todo busca disfrutar del repertorio artístico con el que convive. “Me paro delante de una obra y un día veo una sombra, otro día veo otro matiz diferente. Te acompañan en tu día a día”, dice, mientras va recordando que tiene una escultura de Xavier Mascaró o una pieza de uno de los precursores del arte pop, Alex Katz (con la que posa en la fotografía de la izquierda).

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