Gestión del fracaso

Messi o el error de renunciar en caliente

Messi, abandona el campo, con la camiseta de la selección argentina.
Messi, abandona el campo, con la camiseta de la selección argentina. Reuters

El mejor jugador del mundo se rinde con la camiseta, celeste y blanca, de su país. Lionel Messi, de 29 años, tras cuatro finales perdidas y después de haber fallado un penalti en el partido decisivo contra Chile para ganar la Copa América Centenario, anunció que abandona la selección argentina. “Se terminó para mí la selección. No es para mí. Lamentablemente lo busqué, era lo que más deseaba y no se dio”, señaló el delantero del Fútbol Club Barcelona, profundamente apenado. “Es una tristeza grande y encima me toca errar el penal a mí. Era importantísimo hacerlo para sacar diferencia”. Su renuncia, alegó, “es por el bien de todos; por mí y después por todos. Hay mucha gente que no se conforma con llegar a las finales y no ganarlas y nosotros tampoco nos conformamos”.

Su decisión la anunció en los pasillos del MetLife de Nueva Jersey. O lo que es lo mismo, en caliente. “Debería haberlo dejado enfriar, haber meditado la decisión en otro lugar que no fuera el vestuario”, opina el profesor del departamento de dirección de personas del IESE, Santiago Álvarez de Mon, que asegura que una máxima, que recomienda a sus alumnos y a los directivos a los que asesora, es no tomar decisiones en momentos de calentones. “A Messi le aconsejaría que se fuera de vacaciones, y que a la vuelta del verano, sereno y lúcido, tomara una decisión y que pensara que tiene una oportunidad en el mundial de Rusia de 2018 para volver a demostrar que puede”, añade el docente, que considera que el sentido de la oportunidad es clave. “No puede vivir de manera tan dramática el tropiezo de una selección, sobre todo cuando una tanda de penaltis es una moneda al aire”.

Quién tiene éxito

El ejercicio consiste en poner a un niño de cuatro años ante una caja de golosinas: puede coger una, pero si aguanta dos horas podrá comer más. “Tendrá más éxito en la vida el que controle la frustración y aguante la demora de la recompensa”, dice el psicólogo Juan San Andrés.

De la misma opinión es el responsable de talento de Manpower Group, Juan Carlos Cubeiro, quien considera que el fracaso de la selección no debería recaer ni asumirla un solo jugador, al igual que ocurre en las empresas. “Se espera demasiado de él, y aquí también es responsabilidad del entrenador”, señala este experto, para quien dimitir es un acto de valentía, “aunque en este caso debería aguantar el tipo, como lo hace, por ejemplo, Cristiano Ronaldo, que ante el fracaso persevera”.

Por su parte, el psicólogo y consultor de dirección Juan San Andrés cree que se debería tener en cuenta el estado en el que se encuentra el jugador para haber tirado la toalla, y no haber sido capaz de superar la frustración, teniendo en cuenta que tanto Messi como su padre, Jorge Horacio, están pendientes de que la Audiencia de Barcelona tenga lista una sentencia contra ellos por fraude fiscal. También influye, reconoce San Andrés, lo que los psicólogos denominan la fuerza del ego, “la estabilidad de la estructura de la personalidad, el autoconcepto que tenemos cada uno de nosotros mismos”.

Y es evidente que el jugador, debido a los éxitos cosechados en el Barcelona, se considera una estrella del fútbol. “Pero son quienes reconocen la frustración los que le dan la vuelta y no se rinden. Es el caso de Steve Jobs, que tuvo fracasos, o el de Rafa Nadal, que ha tenido épocas malas y ha sabido levantarse. Hay personas que desarrollan y reconducen la frustración, aunque puede ser que la derrota le haya pillado en un momento débil y no tiene recursos psicológicos para salir adelante”, subraya el psicólogo.

Puede que la decisión estuviera meditada, se pregunta la presidenta de la consultora especializada en gestión Be- Up, Pilar Jericó, “y pensara que si perdía se retiraba, porque un fracaso es una huida, es un mecanismo tradicional”. Y opina que, en el caso de Messi, puede que se atribuya un exceso de responsabilidad. “Un deporte es un equipo, y un trabajo bien hecho hace que no se llegue a los penaltis, pero es excesivo que, como sucede en las empresas, recaiga en una persona toda la responsabilidad”.