Entrevista a Iaian Begg

“Reino Unido debe imitar a Canadá si sale de la UE”

Iain Begg, profesor titular en London School of Economics y asesor del parlamento británico en asuntos de la UE.
Iain Begg, profesor titular en London School of Economics y asesor del parlamento británico en asuntos de la UE.

Begg acudió ayer invitado por la Fundación Ramón Areces y la London School of Economics para pronunciar una conferencia sobre “El futuro de Europa”. Profesor titular de la citada escuela y asesor del parlamento británico para temas ligados a la UE, Begg no se atreve a pronunciarse sobre el resultado de la votación del jueves, pese a que defiende con vehemencia la pertenencia a la UE. “Hay demasiada volatilidad y las posiciones están demasiado enfrentadas. Unos hablan con la cabeza y otros con el corazón”, recalca.

Pregunta. Faltan cuatro días para una votación histórica que puede decidir el futuro de Reino Unido. ¿Cómo lo contempla?

Respuesta. El resultado es muy incierto. Si miras a las encuestas, hay mucha volatilidad y es muy arriesgado hacer un pronóstico. Lo que parece claro es que durante la campaña la gente está aceptando la posibilidad de un empeoramiento económico a cambio de tener más control sobre la política de inmigración. Un deterioro económico es un buen precio a pagar. Hay dos posiciones claramente diferenciadas: los que se quieren quedar apelan a la cabeza y los otros al corazón.

P. Todos los servicios de estudios apuntan a caídas bruscas del PIB y eso apenas cambia los votos, ¿cuál es la razón?

R. Cuando hablas del impacto en la economía, hablas de porcentajes. Pero cuando bajas al nivel de personas individuales, ninguno reconoce ese porcentaje. Si eres un peluquero en el norte de Inglaterra, no hay diferencias entre que el PIB crezca un 2% o un 0%. Lo que sí ve es que hay inmigrantes que compiten por tu trabajo y cuyos salarios pueden hacer que el suyo baje. La primera certidumbre es que va a crear una recesión por la incertidumbre, que la libra se va a depreciar y que habrá turbulencias en los mercados financieros. Es un escenario de doble pérdida porque ninguno de los dos actores (ni Reino Unido ni la UE) salen ganando. Los favorables al Brexit creen que el efecto durara meses, pero los otros plantean que las perdidas serán duraderas.

P. Imagine que el 26-J gana el bréxit, ¿cuáles son los escenarios que se abrirían para Reino Unido y cuál debería seguir?

R. Sobre los distintos modelos que puede seguir está el de Noruega (un acuerdo específico con límites), el de Canadá (una zona de libre comercio) o negociar como miembro de la Organización Mundial de Comerico. El de Noruega no es factible, ya que no faculta para controlar las fronteras y la inmigración. En el de Canadá, con una zona de libre comercio entre la UE y Reino Unido se podría perder hasta un 6% del PIB. Y el tercer modelo sería negociar como miembro de la OMC, en el que los aranceles serían tan elevados que se llevarían por delante la poderosa industria del automóvil.

P. ¿Cuál es el más adecuado en su opinión?

R. Reino Unido debe imitar a Canadá si sale de la UE y firmar un acuerdo de libre comercio. La clave está en la aritmética:el 44% de las exportaciones van a la UE. La idea de que el resto del mundo puede compensar las perdidas de venta a Europa es una utopía.

 

Riesgo compartido o control del riesgo

Begg considera prioritario abordar la negociación de la posible salida del Reino Unido y una vez resuelta, ya sea tanto para salir como para quedarse en las instituciones comunitarias, afrontar otros aspectos que considera cruciales para que el proyecto europeo no fracase.

Y el primero es el de la mutualización del riesgo, que sigue enfrentado a los países del sur y del norte, y que por ejemplo ha paralizado el proyecto de unión bancaria. “En este capítulo, las tensiones entre Francia e Italia y Holanda y Alemania han sido el principal obstáculo que impide que la zona euro se mueva y eso ha dado alas a Reino Unido, que se ha mostrado contraria a unirse, pese a tener uno de los centros financieros más importantes de Europa”. En su opinión, la unión bancaria pasa por el deseo de Alemania, Holanda o Finlandia de controlar más el riesgo de las entidades financieras, de evitar booms inmobiliarios como el que vivió España y de tratar de controlar las malas prácticas de sus vecinos del sur, como Portugal, Grecia o España. “Hasta que eso no suceda no pasarán de controlar el riesgo a compartirlo”, recalca. En medio se sitúan Francia e Italia, que no han sido rescatados, pero sí quieren compartir riesgos bancarios ante las dificultades que atraviesan sus economías.