El Foco

¿Cómo afectará el debate en la campaña?

Rajoy mantuvo el tipo y, como se ha comentado, salió vivo del tres contra uno que todos esperaban

De izquierda a derecha, el presidente del Gobierno en funciones y del PP, Mariano Rajoy, el líder del PSOE, Pedro Sánchez, el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, antes de iniciar el debate.
De izquierda a derecha, el presidente del Gobierno en funciones y del PP, Mariano Rajoy, el líder del PSOE, Pedro Sánchez, el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, antes de iniciar el debate. EFE

El lunes se celebró el primer debate con cuatro candidatos a la presidencia de toda la historia de la democracia española. Un encuentro que había generado grandes expectativas entre los ciudadanos que esperaban poder oír las propuestas de los candidatos, ver cómo se defendían en el cara a cara y dilucidar cuáles pueden ser los pactos postelectorales, algo que ya parece inevitable para formar Gobierno en nuestro país. El respaldo de una audiencia de más de 10,4 millones de espectadores entre los 15 canales que lo emitieron es una muestra de que esta campaña, a pesar del hastío de los ciudadanos, sí que interesa, y el debate se convirtió en el hito más importante de la contienda electoral.

Durante los próximos días los ecos del análisis de lo ocurrido el lunes centrarán las tertulias, los editoriales y las crónicas de un encuentro en el que cada uno de los partidos reprodujo de forma milimétrica sus estrategias de campaña. Tras la actuación de los líderes políticos, llega el turno de las redes sociales, los medios de comunicación, los analistas y los equipos de campaña para ganar el post-debate, una etapa tan importante como las demás en la que se elige a ganadores y perdedores y se marcan tendencias que pueden tener un importante impacto para el futuro de la campaña.

A lo largo de más de dos horas, vimos un debate más interesante y más dinámico que los que estábamos acostumbrados en nuestro país, teniendo en cuenta que hasta la fecha, los españoles solíamos ver encuentros cara a cara soporíferos. No obstante, el del lunes fue más dinámico, menos encorsetado y ajeno a tiranía del cronómetro de los moderadores. Por tanto, ya hemos ganado algo, ya que, a partir de ahora, los debates políticos en televisión serán más fluidos y, por tanto, de mayor interés para la audiencia.

Mariano Rajoy afrontaba esta cita con más precaución que el resto de sus adversarios. En diciembre no quiso debatir y la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría lo hizo en su lugar. Desde que llegó a Moncloa, Rajoy ha sido protegido en exceso por su equipo, con la intención de preservar su imagen, pero el resultado ha sido que en muchos momentos de la legislatura ha sido percibido como lejos de la gente. Antes de ayer comprobamos, una vez más, que cuando Rajoy se sale del guión, se olvida de sus mensajes preparados, se relaja y saca su ironía, su experiencia y sus dotes como orador pueden funcionar en televisión. Así, en la primera parte del debate vimos a un experimentando profesor dando lecciones a sus jóvenes alumnos, a los que en más de una ocasión tuvo que llamar al orden recordándoles que al Gobierno “no se viene a hacer prácticas”, dejando uno de los titulares (y tuits) más letales de la noche.

"Se le complica la campaña a Sánchez y se le agotan los días para recuperar la iniciativa"

Rajoy mantuvo el tipo y, como se ha comentado, salió vivo del tres contra uno que todos esperaban y que terminó diluyéndose en un dos contra dos y luego en un todos contra todos. El presidente en funciones sale reforzado del debate, lo que le aportará confianza, estabilidad y seguridad para los últimos días de su campaña.

Albert Rivera fue otro de los protagonistas de la noche. Si en diciembre fue el que menos acertado estuvo y al que más incómodo se le vio, en esta ocasión vimos una de sus mejores actuaciones: seguro, contundente con unos y otros y capaz de lanzar propuestas marcando su propio espacio entre los diferentes partidos. Después de unos días en los que las encuestas apuntaban a un escenario poco alentador para Ciudadanos, el debate puede suponer un factor de recuperación e impulso. Por tanto, su formación, que también ha hecho historia en la política española en muy poco tiempo, tiene motivos para ver con optimismo el 26J.

Pablo Iglesias, líder de Podemos, afrontaba el debate, un formato en el que se desenvuelve con maestría ya que conoce y domina los códigos y los lenguajes de la televisión, con un doble objetivo: conectar con sus bases y mostrar una imagen más moderada y calmada de lo habitual. Por ello, sorprendió su tono en ocasiones apagado y suave, en la misma línea que intentó seguir Carolina Bescansa en el debate femenino de la semana pasada. Donde muchos pueden ver un lobo con piel de cordero, se aprecia una estrategia para hacer frente al mensaje del miedo que Podemos despierta en buena parte de la sociedad española. Por ello, el lunes no tuvieron cabida los puños en alto, las soflamas anticapitalistas o las reivindicaciones de líderes históricos de otros siglos.

"Desde que llegó a Moncloa, Rajoy ha sido protegido en exceso, lo que ha hecho que se le perciba como lejano"

Quien no consiguió su objetivo de ser percibido como la gran alternativa a Mariano Rajoy fue Pedro Sánchez, que afronta en esta campaña un escenario muy complejo debido a la polarización entre PP y Podemos. El lunes Ciudadanos sí fue capaz de eclipsar durante buena parte del debate esa polarización, pero el líder socialista no tuvo éxito en esa tarea. Por momentos, vimos a un frustrado Pedro Sánchez que intentaba encararse a un esquivo Rajoy, que seguía la vieja táctica de evitar el contacto visual con quien te está hablando, con el objetivo de ponerle nervioso e ignorarlo. Por tanto, se le complica aún más a Sánchez esta campaña, al mismo tiempo que se le agotan los días para recuperar la iniciativa, aunque todavía quede más de una semana y muchas cosas pueden cambiar en política.

 Daniel Ureña es socio & director de MAS Consulting y profesor de Deusto Business School.