Vinos

La bodegas se apuntan a la moda del rosado

Siguiendo el estilo provenzal, triunfan los vinos de baja tonalidad

La venta de este tipo de vinos creció el año pasado en La Rioja un 17%

De Guarda, es la joya de los rosados de Chivite.
De Guarda, es la joya de los rosados de Chivite.

Han dejado de ser los parientes pobres de las bodegas. Ya no se puede hablar de tintos ligeros en cuanto a estructura y grados de alcohol cuando se menciona a los vinos rosados. Han reaparecido con todo su esplendor y con personalidad propia. El rosado es un vino frutal, donde se mezcla un repertorio de variedades: fresa, cerezas, frutos rojos, peras... Y las bodegas apuestan por este tipo de vinos, cuando empieza a apretar el calor, sobre todo al estilo provenzal. Buscan abrir un nicho de mercado, principalmente entre las mujeres y en los jóvenes que empiezan a adentrarse en el mundo del vino.

Bodegas Izadi ha pensado en la mujer para lanzar Larrosa. Elaborado con garnacha.
Bodegas Izadi ha pensado en la mujer para lanzar Larrosa. Elaborado con garnacha.

“Existe un auge derivado de otro fenómeno como el del champán rosé, y del consumo de vino blanco, que hace que se busque este tipo de vinificaciones”, señala Pablo Tascón, enólogo de Bodegas Proelio, donde también han aprovechado este tirón y tienen en el mercado rosados, a los que él denomina tradicionales, elaborados con uva graciano, o lo que es lo mismo, de intensa capa o color.

Los bodegueros, conscientes de que la imagen de los rosados ha cambiado, favorecida precisamente por el auge de los espumosos de la misma tonalidad, se toman en serio la producción, que suele ser de pequeña tirada. Sirva como ejemplo el caso de Marqués de Murrieta, que acaba de lanzar su primer rosado al mercado, elaborado con uva mazuelo (de escasa producción en la Rioja), un vino bajo de tonalidad y limitado a 5.000 botellas.

Tradicionalmente, los rosados se habían elaborado en España en la zona de León, Palencia y Navarra. Eran intensos en cuanto a color y su consumo era más limitado. Ahora la tendencia son los tonos rosas claros. Incluso el rey de este tipo de vinos, Julián Chivite, entró hace año y medio por este camino, con una nueva etiqueta, Chivite Las Fincas Rosé, en homenaje al cocinero Juan Mari Arzak. “El rosado es tendencia desde hace algunos años, y se prevén incrementos espectaculares en los próximos años. Mi familia lo lleva elaborando desde que yo tengo recuerdo. Hace más de 30 años lanzamos el Gran Feudo Rosado, que dignificamos y embotellamos en una botella de formato Rhin y lo equiparamos a los grandes vinos”, explica este bodeguero. Con el paso de los años lo han elevado a categoría de culto, creando el que hoy se considera el primer rosado de guarda. El grupo Chivite elabora más de un millón y medio de litros entre los cuatro vinos rosados.

Al mercado femenino se dirige claramente Bodegas Izadi con el vino Larrosa 2015, elaborado con uva garnacha y en una edición de 42.121 botellas. Detrás de esta producción se encuentra la enóloga Ruth Rodríguez, quien destaca que “también en los rosados se pueden hacer cosas muy especiales”.

Desde hace tres años, apuntan en esta bodega, existe una tendencia en el aumento del consumo de vinos rosados, sobre todo del estilo rosé, que se consolida año tras año. No en vano, la comercialización de vino rosado de Rioja creció el año pasado un 17% con respecto al ejercicio anterior, según las estadísticas del propio consejo regulador, lo que le sitúa como el que más incremento ha experimentado en los últimos tiempos.