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Uber da un rodeo legal

Uber acaba de tomar otro desvío en el camino hacia un enfrentamiento legal inevitable. El servicio de taxis, valorado en más de 60.000 millones de dólares (unos 53.000 millones de euros) en su última ronda de financiación, cerró el jueves dos demandas colectivas que reclamaban que los conductores de California y Massachusetts son empleados suyos en lugar de autónomos, acordando el pago de 100 millones de dólares. Pero en el niño consentido de Silicon Valley solo está ganando tiempo.

En lo que se conoce como la economía colaborativa, compañías como Uber y el portal de alojamiento Airbnb se enorgullecen de su disrupción en la vieja escuela del taxi, los hoteles y otros negocios. Los anfitriones de Airbnb a menudo escapan a las regulaciones y los impuestos hoteleros; los conductores de Uber, como colaboradores, cuestan menos de la empresa que los empleados de pleno derecho. La pérdida de este tipo de ventajas podría afectar a la viabilidad financiera de las compañías.

Uber aseguró que sus conductores no eran empleados, ya que utilizan sus propios coches y pueden trabajar siempre y para quien quieran. Los conductores respondieron que Uber controla cómo trabajan y el funcionamiento de su servicio en general. A pesar del acuerdo, la cuestión está lejos de quedar cerrada. Un juez debe aprobarlo y otro tribunal aún podría dictaminar que los conductores son empleados.

Uber se ha hecho cargo de las multas a los chóferes por recoger pasajeros de forma ilegal y ha burlado otras regulaciones locales en todo el mundo. Pero la cuenta crece. Un único pago de 100 millones de dólares no afectará mucho, pero una cadena podría debilitar el negocio.

El aumento de la economía colaborativa ya está llevando a conversaciones sobre nuevas formas de empleo híbrido. Finalmente, es probable que la cuestión se decida por un enfrentamiento en los tribunales.