Viajes de larga distancia

Un peñón mágico vigila la mexicana Bernal

El gran monolito llena de leyendas el pueblo de San Sebastián

El gran monolito de Bernal.
El gran monolito de Bernal.

Ahí está. Imponente y vigilante desde su atalaya. Mire donde mire, se cruzará con él y sentirá su energía. Es el peñón de Bernal. Estamos en un pueblo mágico. San Sebastián Bernal, tiene fama, con todo merecimiento, de ser uno de los pueblos más bonitos de México. En el corazón del país y a solo 30 minutos del bello Querétaro, se halla dentro de la llamada ruta de los tesoros coloniales y en la ruta del vino, pero Bernal sigue siendo un secreto, aunque cada vez menos guardado, para las grandes rutas turísticas.

Sus típicas construcciones coloniales, sus calles empedradas y de trazado irregular delatan su pasado y le añaden un encanto especial. En 1870 era parte de los caminos reales para el transporte de oro y plata. Bernal es hoy un refugio para realizar una escapada, alejarse del bullicio, descansar, reconciliarse con la naturaleza y la tranquilidad y seguir en ruta después de haber recargado pilas paseando entre viñedos y antiguas haciendas y empaparse de la charrería –las artes y las suertes que realizan los charros con el caballo, el lazo y el ganado–.

San Sebastián es un pueblo pequeño, muy colorido tanto por las fachadas de sus bonitas casas como por las flores que adornan cada esquina o balcón, con típicos mesones y restaurantes y puestos callejeros de antojitos –tentempiés bien picosos–, tiendas de artesanía y telares donde aún se tiñe y se teje de manera artesanal siguiendo una tradición ancestral: los niños seleccionan la lana, los hombres la tejen y tiñen y las mujeres venden los productos.

La peña de la Sierra Gorda es la tercera más alta del mundo tras Gibraltar y Pan de Azúcar

Por tener, Bernal tiene hasta un curioso Museo de la Máscara. Una colección de más de 700 caretas donde rondan los duendes, las brujas y las lloronas (almas en pena). Estamos en un “pueblo mágico”, una distinción del Gobierno federal a localidades singulares.

Volviendo al principio, la peña de Bernal, siempre custodiada por cuervos, domina todo el pueblo con sus 273 metros de altura, y sería el monolito más grande de la Tierra si no fuera porque los otros dos que lo superan, el peñón de Gibraltar y el de Pan de Azúcar (Brasil) están a nivel del mar y el mexicano a más 2.000 metros en la Sierra Gorda. Se puede escalar con prudencia para descubrir sus secretos, pero alcanzar la cima requiere experiencia y es mejor dejarse guiar por expertos del lugar.

Desde la distancia y en el pueblo juegue a adivinar las figuras que esconden sus recortados perfiles con sus correspondientes leyendas, mejor desde algún privilegiado mirador como la terraza de Casa Mateos, mientras disfruta de una gordita –una especie de deliciosa empanadilla redonda de maíz o trigo rellena de chicharrón, frijol u otros ingredientes–, regada con una suave y refrescante mimosa –un cóctel a base de champán y naranja–.

Si tiene tiempo para un día de campo, visite la pintoresca hacienda Los Azteca y sus viñedos, cuyo origen se remonta al siglo XVII. Ubicada en Ezequiel Montes, cerca de Bernal, y a menos de un kilómetro de Cavas Freixenet, de las más importantes de América. Disfrute de sus vinos, asados y su espectáculo charro.

Guía para el viajero

Bernal (México).
Charro en el coso de Viñedos Azteca.

Cómo ir.

  • Aeroméxico vuela a diario y sin escalas desde Madrid a Ciudad de México (12 horas). Le recomendamos vuelo nocturno. Buen servicio y entretenimiento a bordo. Desde 670 euros. En la capital puede alquilar un coche o viajar en autobús de línea hasta Querétaro y desde allí a Bernal. Información en Visitmexico.com.

Clases de bus.

  • México cuenta con una buena red de carreteras y de autobuses rápidos, cómodos, baratos y seguros que enlazan las principales ciudades y pueblos del país. Hay diferentes clases, pero opte por los de lujo, ejecutivo o primera clase. Desde Ciudad de México a Querétaro hay 216 km, unas tres horas y media, y de allí a Bernal, 54 km, otra media hora.

Comer y dormir.

  •  Les recomendamos el hotel boutique Casa Mateo, una antigua y preciosa casona del siglo XVIII remodelada, con vistas increíbles a la peña y cocina gourmet mexicana dirigida por la chef Emma Bonilla. Desde 80 euros por noche en habitación doble. Cada alcoba es diferente. Un lugar especial para perderse.