Editorial

Más gasolina para un motor en marcha

El motor exportador de la economía española sigue funcionando con solvencia, pese a no ir acompañado de una coyuntura política que lo respalde. Los datos sobre el déficit comercial, que retrocedió un 10,5% hasta febrero y se situó en el nivel más bajo desde 1999, confirman la buena salud de las ventas de nuestras empresas en el exterior, especialmente en territorio europeo. España registra así el mayor crecimiento en las exportaciones de toda la zona euro –con un avance del 2,4%– y al tiempo mantiene unas importaciones controladas, que apenas han crecido un 1%, gracias fundamentalmente a la caída del precio del petróleo. La condición dependiente de la economía española en materia de energía –apenas genera un 0,2% del petróleo que consume– convierte las oscilaciones del precio del crudo en un factor clave de competititividad. En 2015, la factura de las importaciones descendió, por este motivo, en 12.500 millones de euros.

Los últimos datos del FMI y de Bruselas confirman que España sigue a la cabeza de la UE en tasa de crecimiento y que las exportaciones avanzan a mejor ritmo que el de nuestros vecinos. Dado que respaldos coyunturales como el del precio del crudo juegan también a favor en otras economías europeas, la explicación a este liderazgo hay que buscarlo en buena parte en la mejora que ha experimentado la competitividad española en los últimos años, alentada por una mayor flexibilización normativa y favorecida por la rebaja de los salarios. Ello supone que si los precios del petróleo se mantienen en niveles bajos y las ventas europeas siguen comportándose como hasta ahora, hay motivos para ser optimistas en cuanto a previsiones.

Pero fuera de cuadros o fotografías, la realidad no es estática. Junto a estos factores coyunturales positivos, hay que tener en cuenta riesgos también coyunturales que pueden entorpecer e incluso detener el crecimiento. Fuera de la zona euro, el desplome de la economía mundial es un hecho, con un gigante como China inmerso en un cambio de modelo económico cuyo resultado, cuanto menos, constituye un interrogante. Este escenario hace que los planes de diversificación de las exportaciones españolas, planteados como un seguro ante la posibilidad de otro retroceso económico en Europa, tengan escaso retorno. Además, España cuenta con su propia dosis de inestabilidad interna en forma de un Gobierno que continúa gobernando en funciones. Las limitaciones que esta anomalía política suponen a la hora de legislar son un riesgo que el país no se puede permitir en este momento. Todos los motores necesitan combustible para mantenerse encendidos. Pero en el caso de una economía, parte de esa gasolina incluye realizar reformas estructurales que flexibilicen el mercado y faciliten el crecimiento. Se trata ya no solo de una prioridad, sino de una necesidad.