Tribuna

Nueva York, terreno de Clinton y Trump

"Proponeos objetivos ambiciosos, trabajad duro y no perdáis vuestras creencias. Cuando caigáis, tened fe y levantaos rápidamente y no escuchéis a quienes os digan que no podéis o no debéis continuar luchando”, dijo Hillary Clinton a una multitud neoyorquina antes de las primarias de Nueva York. Ella vivió ese código de conducta desde niña: fue la primera estudiante en dar la conferencia de apertura de curso en Wellesley College; primera mujer que llegó a ser socio en el despacho Rose Law Firm; primera dama de Estados Unidos; primera mujer senadora por el estado de Nueva York; primera mujer candidata presidencial en cada primaria de todos los estados; primera ex primera dama que quiere ser presidenta –segundo intento–. Clinton es de Chicago, pero, como senadora, ha representado a Nueva York durante ocho años y mantiene casa allí desde 2000. Los neoyorquinos –especialmente los demócratas– sienten a Hillary como propia.
Donald Trump se mueve como pez en el agua en Nueva York. Fue educado en Queens (NY), siempre ha vivido en Nueva York, uno de cuyos edificios más emblemáticos lleva su nombre, como todas las propiedades de Trump. También en vísperas de las primarias de Nueva York, Trump dio un discurso a sus seguidores –no eran financieros de Wall Street, sino trabajadores blancos de clase media y baja–, a quienes describió el espíritu de su ciudad: “En el momento más oscuro de nuestra historia –11 de septiembre de 2001– mostramos al mundo nuestro coraje, nuestra fortaleza, nuestra bondad”, y rindió homenaje a un sacerdote del cuerpo de bomberos neoyorquino que dio su vida intentando salvar personas aquel fatídico día. Ambos candidatos, claramente, tienen fuertes vínculos con Nueva York –que es más que el Empire State, la Estatua de la Libertad, el Rockefeller Center, Central Park, la Quinta Avenida y la serie de televisión Sexo en Nueva York–. Como muestra la película Pandillas de Nueva York (Martin Scorsese, 2002), Nueva York es Manhattan, Bronx, Staten Island, Brooklyn y Queens. La diversidad socioeconómica y sociodemográfica que existe en Nueva York es muy grande y, cara a unas primarias, se traduce en distintos segmentos electorales, que por la ley de los grandes números suelen votar en bloque. Este hecho beneficia a Clinton y a Trump, aunque sobre todo a Clinton, que tiene un oponente complicado en su propio estado: Bernie Sanders, de Vermont.
A priori, las encuestas favorecen a Trump y a Clinton. En el primer caso, el candidato republicano obtendría 95 delegados y un buen empuje y ventaja, frente a los candidatos oficialistas del partido: Ted Cruz, no muy querido por el partido, y John Kasich, favorito del aparato del partido. Si las previsiones se cumplen, Trump obtendría el 52,6% de los sufragios; Kasich, el 22,9%, y Cruz, el 17,9%. Trump ganaría por un margen del +29,7%: no sería de extrañar, a no ser que todas las encuestas se equivoquen. Nueva York es un estado muy liberal, también entre republicanos y católicos, por citar dos grupos conservadores. Pero en Nueva York solo han visto cowboys como Cruz en las películas y no son bien recibidos si ponen en solfa sus valores progresistas, como ha hecho el senador por Texas. Los dos últimos alcaldes de Nueva York (De Blasio y Bloomberg) se caracterizan por sus principios liberales, radicalmente opuestos a los de Ted Cruz, que es el candidato republicano con más posibilidades de batir a Trump en la convención republicana de Cleveland, cuando se elija oficialmente al candidato del partido.
En el caso de Clinton, tiene el apoyo de los afroamericanos (Bronx, Brooklyn y Queens), de los judíos (Brooklyn) y de blancos progresistas con dinero (Upper West Side, en Chelsea y Manhattan). Entre mujeres, Clinton se lleva de calle a las mayores de 50 años y Sanders a las niñas descontentas con un sistema capitalista que, según su candidato, las ha abandonado en la precariedad laboral, mientras Clinton se echaba en los brazos de Wall Street (también en Nueva York). Las primeras destacan la lucha de Clinton por los derechos de las mujeres y las segundas le echan en cara que no abandonara a su marido por sus infidelidades y que se apoye en los banqueros progresistas –aunque parezca una contradicción, pero así es Nueva York: lugar de contrastes– para ganar la nominación. Las encuestas le otorgan a Clinton el 53,7% y a Sanders, el 40,9%. Clinton ganaría por un margen de +12,8% y obtendría 291 delegados.
Nuestro pronóstico es que Nueva York elegirá a uno de los suyos: Clinton y Trump.

Jorge Díaz-Cardiel es Socio Director de ADVICE Strategic Consultants