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Testamentos bancarios con fallos

Cuando el barco de las finanzas se hunda, los grandes bancos de Estados Unidos no podrán confiar en sus botes salvavidas internos. Ese es el mensaje de los resultados del miércoles sobre los llamados testamentos en vida que muestran cómo se afrontaría la quiebra de instituciones financieras importantes en una crisis. JP Morgan Chase y Bank of America son dos de las cinco firmas que no pasaron la prueba, de según la Reserva Federal y el FDIC (el fondo que garantiza los depósitos bancarios). Esto se debe a que están teniendo en cuenta ayudas de liquidez de otras filiales que podrían no proporcionarles cuando las cosas vayan mal.

La liquidez ha mejorado en los principales bancos estadounidenses, pero sigue siendo el principal reto de los planes de resolución. Los reguladores han exigido unos colchones mayores desde la recesión de 2008. Pero los planes de JPMorgan, Bank of America y Wells Fargo, que tampoco aprobó, también han resultado tener deficiencias a la hora de asegurar que tendrían suficiente efectivo en caso de crisis.

Parte del problema es que las entidades confiaron en obtener liquidez de sus imperios lejanos

Parte del problema es que los bancos confiaron en obtener liquidez de los bolsillos de sus imperios lejanos. JP Morgan y Morgan Stanley, cuyo testamento no se consideró creíble solo por la Fed, se encuentran entre las entidades que cuentan con la ayuda de unidades extranjeras. Es un problema porque los gobiernos extranjeros podrían establecer un cerco de protección a los bancos que operan en sus jurisdicciones en caso de apuro.

La capacidad de recuperación independiente es parte de un mensaje más amplio de los reguladores. La Fed ya ha dejado claro que no quiere que los bancos extranjeros confíen en la ventanilla de descuentos y financiación, como en la última crisis.Los resultados de los planes de quiebra muestran que las firmas estadounidenses tampoco deberían confiar en la ayuda de los gobiernos extranjeros.

Los reguladores de todo el mundo han trabajado para evitar que se repita el caos mundial que estalló con el colapso de Lehman Brothers. Pero el mensaje de los reguladores estadounidenses a sus homólogos y a Wall Street es claro: cada uno saldrá por sí mismo de la próxima crisis.