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Se acabó la gran fiesta de las fusiones

Todas las buenas fiestas deben llegar a su fin. Así que las autoridades han llegado justo a tiempo para terminar con la orgía estadounidense de promiscuidad corporativa. La feroz intervención de las autoridades de Estados Unidos, citando defensa de la competencia, la fiscalidad y las preocupaciones de seguridad nacional señala el final del actual auge de las fusiones y adquisiciones. La única sorpresa es que muchos inversores han subestimado esta coyuntura inevitable.

Solo en los últimos tres años, se han anunciado más de 134.000 ofertas en todo el mundo, un total de aproximadamente 11 billones de dólares, según datos de Thomson Reuters. Al igual que en los ciclos anteriores, los inversores aplaudieron la primera etapa de los acuerdos en 2013, cuando empresas de actividades solapadas se reunieron y pagaron primas que quedaban más que compensadas por las eficiencias futuras.

Los inversores aplaudieron la primera etapa de acuerdos en 2013 entre firmas con actividades solapadas

Luego vinieron emparejamientos algo más difíciles de justificar, a menudo asentados sobre las esperanzas de unas mayores ventas o el movimiento de los mercados adyacentes. La parte final de los festejos ha llevado a transacciones como la de Pfizer, de 160.000 millones de dólares (unos 140.000 millones de euros) para la compra de Allergan, que solo tenía sentido financiero como forma de evitar cosas como unas políticas fiscales mal diseñadas.

El Tesoro de Estados Unidos, que el martes ajustó las normas que rigen la capacidad de las empresas como Pfizer de cambiar sus domicilios fiscales a través de ingeniería financiera, acabó con esa lógica. Ahora Pfizer se aleja de la operación.

Las autoridades antimonopolio están sumando a la policía fiscal para acabar con las pruebas de las empresas para ver dónde están los límites. A la mezcla se suma el escrutinio de adquisiciones por parte de empresas chinas cada vez más codiciosas que lleva a cabo el Comité de Inversiones Extranjeras en Estados Unidos.

Las nuevas normas fiscales del Tesoro fueron un shock para los accionistas de Allergan, que como respuesta incineraron 16.000 millones de dólares de valor de la compañía. A medida que el Tío Sam flexiona sus músculos, la sobriedad parece la forma correcta de llevar a cabo el final de la bonanza de las fusiones y adquisiciones.