Editorial

Draghi tira de los créditos al consumo

Los beneficios de la era de tipos de interés cero en Europa están llegando hasta la modalidad de los prestamos con mayor riesgo, los créditos al consumo. Un segmento en el que actualmente no solo operan las entidades financieras, sino en el que también han entrado los fabricantes, marcas y grandes empresas como forma de estimular el crecimiento de sus ventas e impulsar el afán de compra de sus clientes. Marcas como El Corte Inglés, el mayorista de electrónica Worten, la franquicia de ópticas MasVisión o el fabricante de motocicletas Kymco son algunas de las compañías que ofrecen a su clientela financiación gratuita para las compras.

Se trata de una consecuencia más de la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE), que se une a los efectos más potentes y directos que el abaratamiento del coste del dinero tiene habitualmente sobre el sector financiero en segmentos como el de los créditos hipotecarios o las emisiones de bonos de grandes empresas. El modus operandi de este tipo de operaciones de financiación de compra se articula con acuerdos entre empresas y financieras, las denominadas EFC, reguladas por el Banco de España y sometidas a la limitación de no poder captar fondos. Para marcas, distribuidores y cadenas comerciales se trata de un gancho comercial muy efectivo para captar nuevos clientes, especialmente cuando se trata de compras de cierta entidad.

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi.
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. EFE

La financiación gratuita al consumidor constituye un indicador que muestra con mucha claridad el cambio de panorama económico que hemos vivido en los últimos años. Hasta hace apenas dos ejercicios, este tipo de financiación había desaparecido prácticamente en España, como consecuencia de la violenta caída de la demanda interna durante los años de la crisis.

En un país con un paro desbocado, cuyas cifras aumentaban de forma dramática y constante y en el que la incertidumbre restringió drásticamente el consumo e incluso llegó a cambiar los hábitos de muchas familias, otorgar este tipo de préstamos resultaba especialmente arriesgado. A ese panorama de precariedad hubo que sumar también unos costes de financiación superiores al 11% y una tasa de morosidad que creció en todos los ámbitos, pero que lo hizo de forma aún más importante en este segmento.

Con el motor de la recuperación en marcha, el dinero a coste cero y la demanda interna tirando de la economía, apostar por financiar el consumo y hacerlo como gancho comercial constituye una estrategia inteligente para fabricantes y cadenas de distribución. Se trata también de una confirmación más de la buena salud del comercio físico o tradicional y de los mecanismos del marketing, pero sobre todo del crecimiento de una economía que no se limita a estimular la inversión empresarial, sino que alcanza a las decisiones de compra de las familias.