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Las empresas, obligadas a colaborar en la lucha contra el cambio climático

La contribución de las compañías será clave para que España cumpla los objetivos de París.

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Muchas empresas aprovecharon la Cumbre del Clima en París para demostrar su compromiso con el medio ambiente. Patrocinaron la conferencia 53 compañías, incluyendo a Google, LVMH, Sanofi y 3M. Bill Gates presentó un fondo para financiar energías renovables, Nissan puso una flota de coches eléctricos a disposición de los delegados y 10 de las petroleras más grandes del mundo, entre ellas Repsol, realizaron una declaración conjunta.

Pero obligaciones no asumieron ninguna. Al menos no formalmente. El acuerdo fue firmado por los Estados, no por ellas. Sin embargo, está claro que frenar el calentamiento global será imposible sin su apoyo. El esfuerzo individual es insuficiente. Si usted siguiese todas las recomendaciones de los ambientalistas (fuese a su trabajo en bicicleta, apagase la tele del todo, comiese menos carne, etcétera), podría reducir sus emisiones de 5,8 toneladas de CO2 al año (media por habitante en España, según el Banco Mundial) a 2.

Parece mucho, pero es que la central de carbón más común (de 600 megavatios de potencia nominal y funcionando el 70% del tiempo a plena capacidad) emite unos 3,5 millones de toneladas al año. Si fuese sustituida por un parque eólico, el impacto de la planta (sin considerar el ciclo completo, que abarcaría también la construcción y el posterior desmantelamiento) bajaría a cero.

“Las empresas desempeñan un papel fundamental en el cumplimiento de las metas de París, apoyando a sus Gobiernos en la consecución de sus compromisos nacionales”, afirma Germán Granda, director general de Forética, que ha creado el Clúster Español de Cambio Climático. “Probablemente, este sea el mayor reto para las firmas españolas, ya que deberán contribuir a los objetivos a los que España, junto con la Unión Europea, se ha comprometido”, añade.

La cumbre dejó la impresión de que los gobernantes han tomado conciencia de que es hora de actuar. ¿Están los empresarios dispuestos a seguirlos? Mariluz Castilla, miembro de la junta directiva del Grupo Español para el Crecimiento Verde (GECV), no tiene duda: “Las empresas más avanzadas se mueven antes y mucho más rápido que los Gobiernos”, sostiene. “De hecho, el GECV y otras iniciativas son anteriores a París. Es decir, hay una gran proactividad por parte del mundo empresarial, que va incluso por delante de muchas decisiones gubernamentales”.

Compromiso

Ciertamente, mientras que la Administración española retrocedía en política de incentivos a las renovables, el sector privado organizaba iniciativas como el Clúster y el GECV que propugnan un cambio de modelo económico basado en la sostenibilidad. El Clúster de Forética está integrado por 36 grandes compañías, y el GECV, por más de 40. Algunas, como Santander, Ferrovial, Gas Natural Fenosa y Enagás, participan en ambas iniciativas.

“Las firmas avanzadas se mueven antes y mucho más rápido que los Gobiernos”, sostiene Mariluz Castilla, del GECV

Castilla, quien también es socia de PwC, asegura que las empresas del GECV se han comprometido a implementar las medidas derivadas del acuerdo de París. “Algunas están valorando no solo su huella de carbono, sino también la de sus proveedores, para actuar en toda la cadena de valor. Otras han comenzado a monetizar sus emisiones y a calcular el valor del capital natural que utilizan a fin de tomar decisiones estratégicas de reducción o compensación”, precisa.

Según el Club de Excelencia en Sostenibilidad, el 84% de 125 grandes compañías encuestadas ha definido una estrategia de reducción o compensación de emisiones de gases de efecto invernadero y lucha contra el cambio climático. Asimismo, el 65% informa al respecto y el 20% está inscrito en el Registro Nacional de Huella de Carbono.

Elvira Carles, directora de la Fundación Empresa y Clima, institución que participó en la conferencia en calidad de observador de Naciones Unidas, identifica varios elementos que están moviendo a las firmas en esta dirección. “El primero es que, si no luchamos contra el cambio climático, las consecuencias van a ser de tal tamaño (inundaciones, sequías y otros desastres naturales, así como nuevos desplazados) que serán muchas las empresas en peligro de desa­parición”, advierte.

El sector asegurador ya está sufriendo las consecuencias. Mapfre indica que el 5% de los siniestros de hogar declarados en España entre 2013 y 2015 fueron ocasionados por tempestades ciclónicas atípicas (solo en 2015 hubo 34), y Mutua Madrileña observó el verano pasado un aumento inusual de la siniestralidad en autos debido a las altas temperaturas registradas: entre julio y agosto, las asistencias en carretera se incrementaron un 17% interanual, una cifra récord en este periodo.

Por sectores

“Las aseguradoras debemos introducir las variables derivadas del cambio climático como factores críticos para monitorizar los riesgos ambientales y modificar nuestros modelos relativos a catástrofes naturales, lo que constituye uno de los grandes retos a los que se enfrenta el sector a la hora de garantizar su sostenibilidad en el medio y largo plazo”, reconoce Guillermo Llorente, subdirector general de seguridad y medio ambiente de Mapfre.

Otra industria bajo fuerte presión es la petrolera. Evitar que el planeta se siga calentando implicará dejar varadas muchas reservas que forman parte de la valoración de las compañías. En un acto paralelo a la cumbre, 10 de ellas, incluyendo a Repsol, admitieron que el sector tendrá que adaptar su modelo de negocio a esta nueva situación, invirtiendo en energías renovables y start-ups. Repsol, por ejemplo, entró a finales de 2013 en el capital de Graphenea, una tecnológica de San Sebastián que produce grafeno para baterías y células solares.

En todos los sectores hay ejemplos de compromiso. Mapfre ha lanzado el primer seguro de pago por uso para vehículos eléctricos. Mutua ha certificado 14 de sus edificios bajo la norma ISO 50001 de eficiencia energética. Heineken ha reducido sus emisiones usando como energía el biogás producido por las depuradoras. SCA planta tres árboles por cada uno que tala para fabricar sus pañales y papel higiénico. Endesa ha restaurado el entorno natural de la antigua mina de carbón de As Pontes, en A Coruña. Telefónica recicla el 99% de los residuos de sus redes (19.000 toneladas) y ha logrado que 51 millones de clientes usen la factura electrónica. Iberia está investigando en la obtención de biofuel a partir de microalgas.

En un mundo que se ha visto escandalizado por casos como el de los motores trucados de Volkswagen, siempre queda la duda sobre la honestidad de estas acciones. “La transparencia ha sido uno de los puntos claves del acuerdo de París, ya que las contribuciones nacionales serán revisadas cada cinco años y se evaluará el cumplimiento de esos compromisos, por lo que desde los Gobiernos se instará a las empresas a trabajar en su consecución”, mantiene Germán Granda, de Forética.

El experto recuerda además que la directiva europea de divulgación de información no financiera –que los Estados deberán transponer antes del 16 de diciembre de este año– obligará a las compañías a reportar no solo sus resultados, sino también su actividad e impacto ambiental.