Diana Burillo, fundadora de HandMade Beauty

"Lo orgánico no es moda, es estilo de vida"

Diana Burillo, en su despacho de trabajo.
Diana Burillo, en su despacho de trabajo.

Llegó a España hace 11 años con la intención de continuar sus estudios y de montar un estudio de diseño de interiores, su segunda vocación. Porque la primera fue el protocolo: “Me gusta el hecho de servir, de hacer eventos, de cuidar los detalles”. Sin embargo, la curiosidad le puso en otra senda, la del mundo de la cosmética y de la belleza, donde cree que ha abierto un hueco, a la vista de la proliferación de marcas alternativas y orgánicas que han aparecido en el mercado español en los últimos años.

Fue en 2012, y después de haber hecho además un curso de cocina en Le Cordon Bleu, cuando Diana Burillo, nacida en Ciudad de México hace 32 años, decidió apostar por un nuevo concepto de slow beauty. “Coincidió que cuando llegué había una crisis inmobiliaria importante y para mi profesión de interiorista era un momento complicado, y comencé a observar que se empezaban a abrir nails bar (centros de manicura y pedicura)”. No tuvo miedo a emprender por otra vía. Lo lleva en los genes, ya que su familia, residente en México, se dedica al mundo de los negocios. “Me imagino que así se nace, siempre he sido inquieta, como mi abuela, siempre haciendo cosas, con demasiada energía”.

Con estos mimbres y con su firme condición de vegana fue como concibió la idea de HandMade Beauty, un centro de estética donde comenzó a trabajar con firmas orgánicas. “Empecé a descubrir este sector de otra forma, interesante y diferente, ya que puede parecer superficial pero no lo es”. Poco a poco, optó por lanzar, un año más tarde de inaugurar el primero de los dos centros que tiene abiertos en Madrid, su propia línea de productos artesanales; primero, esmaltes de uñas, libres de cinco ingredientes químicos, y más tarde, cremas faciales y corporales, completamente orgánicas, sin testar en animales y aptas para celiacos, personas con alergias, embarazadas y niños.

“Decidí que en vez de apostar por las nuevas tecnologías quería centrarme en la cosmética natural, elaborada con técnicas artesanales y, sobre todo, sin hacer sufrir a los animales”. Le costó encontrar laboratorios para que elaboraran los productos, pero los halló en Barcelona, Alicante, Málaga y Madrid. “Todo lo hacemos en España, donde hay buena materia prima, y esto va en la línea de la filosofía de vida, completamente natural, por la que he apostado. Ya no se trata solo de belleza, sino de salud, de inculcar el respeto al cuerpo”, explica Burillo.

El cuartel general se encuentra en un sencillo piso en el barrio de Salamanca. Desde un pequeño y cuidado despacho, donde predomina una enorme mesa de madera cuadrada, proyecta la estrategia de expansión de la compañía para los próximos meses, con la que pretende abrir varios puntos de venta en ciudades como Barcelona o Marbella, y en países como Panamá o México, así como el lanzamiento de su línea de productos en el mercado internacional. De momento, todo son buenas noticias, porque dos hoteles, el AC Santo Mauro de Madrid y Finca Cortesín de Marbella, han elegido a HandMade Beauty como firma para poner como amenities en las habitaciones.

“Más que franquicias como tal, abriremos espacios al gusto de la persona que lo abra, un córner, un centro de belleza, un punto de manicura”, matiza. Y confiesa que cuando inauguró el primer espacio, uno está en el barrio de Salamanca y el otro en Salesas, fue arriesgado. “La gente no estaba tan interesada en el mundo orgánico, está siendo un cambio brutal. No es una moda, es algo que va a más, es un estilo de vida. Cada vez más gente está involucrada en el cuidado de la salud y de la mente”.

Cree que el mundo va por ese camino, por una vuelta a lo sencillo, que por eso no significa que sea menos efectivo. “Ahora vamos a simplificarlo todo, por eso nuestros productos y tratamientos son unisex. No se deben hacer distinciones en el cuidado personal por cuestión de género ni de edad”.

Diana Burillo solo gestiona, prueba lo que vende y dirige la compañía. De momento, no interviene en la composición y en la mezcla de ingredientes de sus cosméticos. Con el tiempo lo hará: está estudiando un curso online sobre plantas medicinales en una escuela de Carolina del Norte. Porque lo que tiene claro es que no concibe su vida, por ahora, en su país. “Cuando llegué a España lo que más me sorprendió fue la libertad de poder andar por la calle, me atrapó el poder estar libre, porque ese es el estilo de vida que quiero”.

Siempre con 'El Principito'

"Lo orgánico no es moda, es estilo de vida"

Lo que más sorprende del espacio en el que trabaja Diana Burillo es un enorme mural de pizarra en una de las paredes del despacho, donde tiene pintados todos los objetivos que se ha marcado hasta abril, y el toque femenino de los detalles que adornan la habitación. Cajas forradas en tela de color blanco roto que anuncian con buena letra lo que contienen en su interior: flores, plantas, velas encendidas, manitas de madera con las uñas pintadas de colores, muestras de los tres bálsamos más vendidos en HandMade Beauty... “Son lo que más éxito tienen, un poco al estilo de la famosa crema de Elizabeth Arden, Eight Hour, que repara todo, pues estos también. Se llaman All in one Balm, elaborados con árnica, zanahoria, manteca pura... Son regenerantes, hidratantes y nutritivos, reparan heridas, cicatrices, dan esplendor...”.

Muy cerca de la mesa de trabajo están dos de los objetos más especiales para ella, un volumen de El Principito, su libro de cabecera, que lee y relee y siempre encuentra alguna enseñanza. “Va con lo que pienso que debe ser la vida, sencilla; que hay que ocuparse de las cosas en vez de preocuparse”. El otro objeto que le conmueve nada más mirarlo es una pequeña pintura de París. Recuerda el momento en que lo adquirió en una escalera de Montmartre a un desconocido. “Me impactó por los colores y el paisaje, con la Torre Eiffel al fondo. Me inspira mucha nostalgia”.

Afirma que le gusta trabajar rodeada de objetos agradables, y asegura que su idea de vida es no ser esclava del trabajo. “Hay días que trabajo 12 horas y otros menos, en los que saco tiempo para uno mismo. Se rinde más”.