Editorial

El temor a una recesión mundial

Los inversores de todo el mundo vendieron ayer de forma compulsiva sus posiciones en los mercados de renta variable y se refugiaron, como siempre que el horizonte se ensombrece, en los valores más seguros, generalmente los bonos alemanes o norteamericanos y el oro. Las Bolsas de toda Europa y de EE UU cayeron con fuerza, como no lo hacían desde hace casi cuatro años, como reacción a los temores de una nueva recesión global de la economía, cuya punta de lanza es la espiral descendente de los precios de todas las materias primas, sobre todo del petróleo.

La sospecha de una recesión de parecida intensidad a la de 2009 no es nueva, pero ayer se explicitó en una caída desconocida en el indicador de confianza de los inversores europeos y en un nuevo descenso del precio del crudo. Sin embargo, si en 2008 y 2009 la economía se desplomó por el desconocimiento del calibre de la crisis financiera desatada por Lehman Brothers, ahora es el desconocimiento ni siquiera aproximado de qué pasa con la economía china. Desde luego la reacción es desproporcionada si la desaceleración es como dicen desde Pekín. Pero la sospecha es que es más intensa y que las medidas conocidas no son suficientes para amortiguar el golpe, y que bien podían estar tentados a solventarlo con una devaluación de caballo de su moneda.