Editorial

Un grifo de crédito abierto a las pymes

El vertiginoso descenso que ha experimentado la prima de riesgo española desde los peores momentos de la crisis de deuda soberana hasta ahora ha reducido notablemente el coste de financiación de nuestras empresas. La conjunción de tres grandes factores –la propia mejora de la situación económica española, la reestructuración del sector financiero y la política monetaria expansiva del Banco Central Europeo– ha logrado no solo que vuelva a fluir el crédito en nuestro país, sino que lo haga a un coste menor que en otras economías de la zona euro. Según los datos del BCE, la factura que pagan las pymes españolas por acceder al crédito ha caído 80 puntos básicos en el último año y se sitúa ya en la media europea. El tipo medio para préstamos de menos de un millón de euros y con un plazo de amortización de uno a cinco años era el pasado diciembre del 2,71%, frente al 3,54% de hace un año y el 5,23% en que terminó 2013. Ello significa que en este momento las pequeñas empresas españolas se financian, por ejemplo, a menor coste que las alemanas, que soportan un tipo medio de un 2,9%, sin apenas cambios respecto a hace un año. En el corazón de la crisis las pymes germanas llegaron a acceder al crédito a un coste tres puntos porcentuales menor que las españolas.

La sólida y potente política monetaria de Mario Draghi ha propiciado una caída radical de los tipos de interés desde 2012, cuando el presidente del BCE asumió el objetivo de hacer todo lo que fuese necesario por salvaguardar la unidad de un euro. La artillería movilizada por Draghi en un momento en el que no solo estaba en cuestión un hipotético rescate a España, sino la propia supervivencia de la moneda única sirvió para calmar la tormenta que se cernía en aquel momento sobre Europa. A las inyecciones de liquidez impulsadas por Fráncfort se sumó también el severo proceso de reestructuración y saneamiento que ha vivido el sector financiero español y los efectos beneficiosos que las reformas estructurales adoptadas en los últimos años han tenido sobre la economía española. Todo ello ha permitido dejar atrás los años de sequía crediticia y ha hecho que los recursos vuelvan a irrigar el tejido empresarial a un coste razonable.

Junto al abaratamiento de los créditos a las pymes, también los préstamos hipotecarios se han beneficiado de la política monetaria del BCE y de la mejora de la coyuntura económica. Sin embargo, es necesario recordar que esa coyuntura es todavía frágil, alimentada como está por el grifo de liquidez de Fráncfort y por una recuperación que todavía no está consolidada. Todo ello hace imprescindible que España y el resto de los socios europeos continúen reformando y flexibilizando adecuadamente sus economías. Unas reformas que en España dependen, antes de nada y con urgencia, de la formación de un nuevo Gobierno solvente.