Editorial

Draghi está dispuesto a ir a por todas

Con un firme y contundente “no tenemos límites”, Mario Draghi lanzó ayer un mensaje de tranquilidad a los mercados al asegurar la continuidad de la política monetaria expansionista del BCE. El presidente del organismo dejó claro que Fráncfort tiene “el poder, el deseo y la determinación” de actuar y abrió la puerta a la adopción de nuevas medidas extraordinarias el próximo mes de marzo. Pese a que no entró en detalles, sí dejó entrever que en esa fecha no solo mantendrá, sino que podría incrementar el volumen de compras mensuales, fijado ahora en 60.000 millones de euros. La entidad –que ha optado por mantener los tipos de interés y la facilidad de depósito sin cambios– tendrá en marzo sobre la mesa las previsiones macroeconómicas de la zona euro para los próximos dos años, lo que permitirá ajustar el alcance de las medidas de liquidez. Como era de esperar, los índices bursátiles recibieron con satisfacción el bálsamo de Fráncfort, que combinó un diagnóstico sereno de la situación económica de Europa con una clara y nueva petición a los Gobiernos de que adopten reformas estructurales que permitan flexibilizar sus economías y apuntalar el crecimiento en la zona euro.

La política expansiva adoptada en el mandato de Draghi ha logrado estabilizar las aguas turbulentas que ha vivido Europa por la crisis al reducir el coste de la financiación y al abrir poco a poco el grifo del crédito. Ello ha permitido irrigar el tejido empresarial europeo –aunque no en todas las economías con la misma facilidad– y fortalecer un crecimiento que, pese a todo, todavía es frágil. Al tiempo que este proceso se llevaba a cabo, los riesgos externos para la zona euro han aumentado. Las inestabilidad que genera China, inmersa en un cambio de modelo y un menor crecimiento, y la persistente caída libre del precio del crudo son las dos grandes amenazas para los mercados globales.

Draghi recordó ayer que el precio del petróleo se ha convertido en un arma de doble filo, porque está favoreciendo la recuperación del consumo y beneficiando a las empresas compradoras, pero también dificultando el acercamiento al objetivo del 2% de inflación en la eurozona. Precisamente por ello, el italiano ha insistido una vez más en que está dispuesto a hacer su parte del trabajo, pero que no puede suplir la labor de los Gobiernos nacionales. Con cada comparecencia del presidente del BCE se vuelve a poner de manifiesto que el problema de gobernabilidad y rigidez que tiene Europa no se limita a las instituciones comunitarias, sino que se extiende también a los Ejecutivos de los Estados miembros. La política monetaria expansionista del BCE constituye una muleta beneficiosa y necesaria para una economía en proceso de recuperación, pero no puede convertirse en una excusa para no resolver los problemas estructurales propios de cada país de la zona euro.