Editorial

Una cartera equilibrada para tiempos convulsos

El mercado bursátil ha registrado en la primera semana del año el peor arranque que se recuerda por la alargada sombra de la dubitativa economía china y la anormal presión bajista sobre los precios del petróleo y el resto de las materias primas. La crisis política española, que así hay que denominar a una situación en la que la formación de Gobierno tras las elecciones es más complicada que nunca, tampoco ayuda, aunque la inestabilidad era una de las opciones que el mercado manejaba desde el otoño y parecía estar descontada ya en los niveles de los índices. Sea imputable a lo que fuere, las Bolsas europeas han perdido notables posiciones en la primera semana del año, sin que existan más certezas sobre la economía mundial que la propia incertidumbre. Los vaivenes espasmódicos del mercado chino, propios de un país sin cultura financiera y mercados intervenidos, únicamente informan de la sospecha de una paralización de la actividad industrial en el gigante asiático más profunda de lo estimado por las cifras. La falta de transparencia en la construcción de los datos y su comunicación refuerzan la duda sobre el estado real de la cuestión y trasladan el temor a otros polos económicos en el mundo, que sostiene una buena parte de su actividad con las exportaciones a China.

En cuanto al precio del petróleo, que está en valores desconocidos desde hace más de una década y en caída libre, y que arrastra al resto de las materias primas, no se comporta precisamente como lo hacía en el pasado y el punto de equilibrio del mercado sigue sin divisarse. Son las dos circunstancias que más condicionan el mercado ahora, pero no son las únicas en un escenario esperado de alta volatilidad, que únicamente servirá para entrar y salir en los valores buscando recorridos del corto plazo y que son terrenos movedizos adecuados para inversores institucionales.

Pero para los inversores particulares, que quieren construir carteras en las que se minimice el riesgo, se garantice el capital y se obtenga una rentabilidad que merezca la pena en tiempos convulsos, hacer abstracción de los episodios coyunturales, por muy fuertes que sean y muy intensa repercusión que tengan, es una buena idea. Los asideros que deben buscar son la marcha de la economía en general y la española en particular, los resultados de las empresas y su origen, y su voluntad de distribuirlos entre los socios. Echando una mirada a tales variables, incluso el fuerte recorte de precios de esta primera semana del año ha elevado los potenciales de revalorización de las buenas compañías en España y en Europa.

La economía española crece a velocidad de crucero y no hay motivos para que deje de hacerlo en los próximos trimestres, aunque sí lo hará de forma más moderada, salvo que un Gobierno decididamente revisionista ponga la actividad en cuarentena con una reversión de las reformas realizadas e inicie otra vez la peligrosa escalada de los costes y del gasto público. Ese es el único riesgo no económico apreciable, puesto que el consumo de los hogares está en niveles dulces tras dos años de crecimiento del empleo y ganancia de la renta disponible; las expectativas de los hogares están otra vez en máximos históricos, y el correlato en las cuentas de las empresas es de crecimiento de sus números negros. Además, la naturaleza de tales cuentas es puro crecimiento de los ingresos por ventas, pues los ajustes de costes y redimensionamiento de las deudas ha concluido, salvo muy puntuales excepciones.

Con estos criterios, los expertos han construido una veintena larga de carteras de inversión en las que el equilibrio es la tónica más común. Aparecen valores cíclicos que deberían aprovechar el tirón de la economía española; se filtran empresas muy castigadas por las circunstancias exteriores, pero cuyos buenos fundamentales deberían reflotar; hay una buena selección de compañías ancladas en el exterior y en mercados muy maduros que se beneficiarán de la depreciación del euro, y no falta una buena selección de compañías en las que el reclamo de un buen dividendo regular es el mejor argumento para tenerlas en la cartera. Nadie se atreve a dar un pronóstico del avance de los índices, porque es más importante que nunca buscar empresas bien posicionadas; pero si la economía sigue creciendo un 3%, complicado será que la Bolsa española repita la contracción de 2015.