Tribuna

La cruzada de las infraestructuras gasistas

La evolución de las infraestructuras gasistas en España ha estado ligada al incremento en el consumo final de gas natural, con elevadas tasas de crecimiento hasta la crisis económica de mediados de 2008. Concretamente, el sistema gasista español está formado por 6 plantas de regasificación (estan planificadas otras dos en Tenerife y Gran Canaria), seis conexiones internacionales (dos con Argelia, una de ellas a través de Marruecos, dos con Francia y dos con Portugal), cuatro almacenamientos subterráneos, más de 12.000 km de gasoductos de transporte, más de 67.000 km de gasoductos de distribución, otras instalaciones auxiliares, estaciones de compresión y plantas satélite de GNL (gas natural licuado).

El sector del gas natural ha albergado un nivel de inversión cercano a los 10.000 millones de euros para las infraestructuras aprobadas bajo las categorías A y B para el periodo de planificación 2008-2016. Este esfuerzo inversor ha sido posible gracias a grandes empresas españolas que desde el comienzo de la liberación del sector han sabido gestionar los riesgos de mercado, se han adaptado a los cambios regulatorios y han hecho de la coyuntura económica una oportunidad para desarrollar dichas inversiones.

Resultado de este esfuerzo inversor, el sistema español cuenta con una red de gas natural mallada, robusta e integrada. En consecuencia, tanto por su ubicación como por el despliegue de infraestructuras existentes, España debe jugar un papel fundamental en la configuración del sistema gasista europeo. Concretamente, cuenta con un número importante de plantas de regasificación que podrían hacer innecesario el desarrollo de nuevos terminales en otros países. Las líneas de transporte de gas natural permiten importar gas natural de sur a norte del país. El cuello de botella entre Francia y España se ha venido reduciendo tras recibir importantes inversiones, aunque aún son insuficientes. Concretamente, la capacidad de entrada de España a Francia se ha duplicado de 3 bcm a 6 bcm en 2013 con inversiones que han permitido el flujo bidireccional entre ambos países vecinos.

La apuesta por la expansión de la interconexión gasista entre España y Francia cuenta con el máximo apoyo de los principales dirigentes de Portugal, Francia, España y el conjunto de Europa, según quedó constatado en la “Declaración de Madrid” el 5 de marzo de 2015, cuando se alcanzó el compromiso de impulsar las interconexiones eléctricas y gasistas entre la península ibérica y Francia. Concretamente, la nueva capacidad de transporte de gas natural entre Francia y España se está desarrollando en dos fases (extensión de un gasoducto desde la provincia de Gerona por Le Perthus y un nuevo gasoducto hasta Lyon). Esta declaración reconoce que un mercado pleno e integrado, que “elimine los cuellos de botella, conecte los mercados regionales e incremente la diversificación de la cartera de gas mediante nuevas fuentes y rutas, reforzará la capacidad negociadora e incrementará la seguridad y el suministro energético de Europa”.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE), asimismo, subraya la importancia de prestar apoyo político y financiero al desarrollo de las infraestructuras que incrementen la capacidad de interconexión entre los países. Las perspectivas de la AIE para 2020 sobre la oferta y la demanda reflejan claramente dos sendas de evolución dentro del balance de gas natural europeo. Por un lado, establece un crecimiento de la demanda que alcanza alrededor de los 500 bcm en 2020 como consecuencia del incremento de la generación. La segunda senda es un declive de la oferta propia de Europa, que se situaría en unos 227 bcm en 2020. La necesidad de importación de Europa alcanzaría unos 70 bcm de 2014 a 2020 provocando un efecto llamada al mercado global de GNL.

Europa podría convertirse en un importante mercado para la exportación de GNL consolidándose como uno de los destinos más atractivos, donde España se podría convertir en el principal receptor de GNL (puesto que es el país con mayor capacidad de regasificación) y podría ayudar a suministrarlo a Europa. En conclusión, el desarrollo de las infraestructuras gasistas facilitará en el corto y medio plazo el desarrollo de nuevos mercados gasísticos, como la iniciativa MIBGAS (mercado organizado ibérico del gas), que ofrecerá a la UE más diversificación de suministro con mayor competencia en el sector energético, consiguiendo una mayor integración entre los mercados nacionales para lcanzar el verdadero mercado interior común de gas.

Eduardo González Fernández es socio de Auditoría de KPMG en España