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Golpe del gas a los hidrocarburos

El año que viene Big Oil se transformará en Big Gas. Royal Dutch Shell ya ha hecho la transición con la compra del peso pesado del gas BG por 70.000 millones de dólares (63.800 millones de euros). La carrera por el gas se acelerará en 2016.

Alrededor de la mitad de la producción de Shell es de gas, pero BG debería inclinar la balanza. La producción de la francesa Total fue de un 52% de gas el año pasado, frente al 35% en 2005. Mientras tanto, el grupo británico BP asegura que espera que el gas se expanda hasta un 60% de la producción a finales de la década, de alrededor de la mitad en que se encuentra hoy. Teniendo en cuenta los proyectos comerciales actuales, la italiana Eni será, de entre las principales compañías, la que tendrá mayor proporción de gas en el 2025, según las previsiones de Wood Mackenzie.

El gas todavía se enfrenta a la competencia de unas energías renovables cada vez más eficientes

Las empresas están haciendo una virtud de una necesidad. La mayor parte de las reservas mundiales de petróleo están retenidas en países de difícil acceso. Además, el gas es abundante, y los proyectos a gran escala tienden a ser a más largo plazo que los petroleros. También es relativamente limpio: produce alrededor de la mitad de las emisiones de carbono del carbón al generar energía.

Pero el gas todavía se enfrenta a dos retos. El primero es la competencia de las energías renovables cada vez más eficientes. Ser más aceptable que el carbón es una cosa, pero las energías nuclear y renovables son aún más limpias. En algunas partes del mundo, la energía solar es más barata que el gas natural licuado importado.

Eso alimenta un segundo desafío relacionado. Los grandes proyectos de gas, particularmente de gas natural licuado, requieren enormes sumas de capital inicial y es habitual que se enfrenten a sobrecostes. El hundimiento del precio del petróleo y otras materias primas muestra que aunque el gas es abundante, el capital no lo es. La formación de los gigantes corporativos del gas debería significar que las empresas pueden aplicar economías de escala para reducir los costes en el tiempo. Si eso va de acuerdo al plan, hay muchas razones para creer que el gas ascenderá a lo más alto de la agenda energética.

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