Editorial

Una inflación muy engañosa

El Índice de Precios de Consumo terminará este año en tasa negativa, y en tasa negativa computará también la media anual, el único criterio válido para conocer si el poder adquisitivo de las rentas ha avanzado o menguado. La fuerte presión contractiva de los carburantes ha llevado el índice generado en los últimos doce meses hasta el 0,3% negativo, en un proceso de desinflación que en ningún caso puede considerarse arriesgado si tenemos en cuenta que esta tendencia es imputable a la propolngada sombra de los precios del crudo, en nínimos de hace siete años. Este proceso de ajuste de precios del petróleo produce un incremento real de la renta disponible de los hogares y las empresas, que tendrá su efecto sobre el crecimiento. Pero no hay que perder de vista que este componente del índice es muy volátil, y que la tasa subyacente de los precios, la que excluye tal volatilidad, está en una tasa anual del 1%, desconocida desde agosto de 2013, justo antes de comenzar la recuperación del consumo, del crecimiento y del empleo. Desde entonces los costes no han hecho otra cosa que subir, aunque sea muy lentamente, y han empujado a los precios hacia arriba. La inflación subyacente es solo una baliza que alerta de tal circunstancia, que debe ser corregida si se quiere mantener el ritmo de avance de la demanda y del empleo.

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