Editorial

La previsora sucesión de Grifols

En el mapa empresarial español tienen peso específico propio las empresas familiares, muchas de las cuales suponen una historia de éxito. Esa trayectoria, paralela en buen número de ocasiones a la inteligencia del fundador o principal promotor, su visión del negocio, capacidad de trabajo y una importante dosis de intuición, ha desembocado en numerosas ocasiones en Bolsa, pero manteniendo el timón las siguientes generaciones de la familia fundadora, habitualmente más preparadas para la gestión moderna. En otras ocasiones se ha optado por directivos externos, en una política de profesionalización aconsejada por los manuales de buena gestión. En todo caso, la transmisión es siempre un paso difícil, en demasiadas ocasiones traumático, en el que se llega a poner en cuestión el desarrollo de la empresa. Sobran ejemplos, con casuísticas variadas, de traspasos complejos en los que los lazos de sangre juegan un papel no siempre vivificante para el futuro de la compañía. Un problema que se muestra en toda su extensión cuando entran en juego los miembros de la tercera generación. La previsión es la mejor vacuna para estos casos y su carencia es un error muchas veces ligado a la resistencia del patriarca a ceder poder, a la incorporación de nueva familia política no siempre bien recibida por todos los herederos o a ambos escenarios juntos.

Por estas y otras razones hay que prestar especial atención a las empresas que saben prever algo tan importante para su existencia vital como el plan de sucesión. El caso de Grifols va en esa línea. El consejo de la farmacéutica, líder mundial en hemoderivados, ha aprobado su sucesión con un relevo generacional que “reitera el compromiso de la familia fundadora con la compañía”, según el diseño de esta. A grandes rasgos, Víctor Grífols Roura, presidente y consejero delegado, de 65 años, traspasará el 1 de enero de 2017 sus responsabilidades ejecutivas a su hermano Raimon Grífols Roura y a su hijo Víctor Grífols Deu, como consejeros delegados solidarios, y él permanecerá como presidente no ejecutivo del consejo. Esta acertada estrategia previsora, que replica la edad en que él recibió el timón de su padre, establece todo el año 2016 como adecuado periodo de transición para un relevo ordenado y planificado.

Grífols Roura es de los pocos grandes empresarios que dijo apoyar la deriva secesionista de Artur Mas, algo matizado a posteriori. En su haber está haber convertido Grifols, un laboratorio fundado hace 75 años, en una multinacional. Muy crítico con España por lo que considera pocas facilidades para hacer negocios, recientemente decidió llevar su tesorería global y su división clave de biociencia a Irlanda para aprovechar las oportunidades de aquel país como sede para operar a nivel mundial (el 95% de su negocio es fuera de España). Ahora, da un inteligente paso de futuro, basado además en su tradición familiar.

Normas
Entra en El País para participar