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Estrategia para ‘millennials’

Mirando a largo plazo es fácil construir una cartera de fondos y planes de pensiones.

Los jóvenes solo pueden aspirar a multiplicar por 1,5 su nivel de vida hasta su jubilación.
Los jóvenes solo pueden aspirar a multiplicar por 1,5 su nivel de vida hasta su jubilación. Getty Images

Vivimos en la era de las expectativas limitadas. A mediados de los años noventa, Paul Krugman vaticinó el advenimiento de una época en la que los jóvenes no podrían disfrutar del mismo nivel de vida que sus padres. The Age of Dimished Expectations. El bello título del libro del premio Nobel de economía rebota, como un eco, sobre nuestros días.

“La generación joven que se ha incorporado hace poco al mercado de trabajo solo puede aspirar a ver multiplicado por 1,5 el nivel de vida del país a lo largo de su vida laboral”, prevé Jordi Gual, economista jefe de CaixaBank Research. Entonces, en un escenario con una economía abotargada, donde mandan el paro juvenil y la precariedad, ¿en qué pueden invertir los jóvenes?

Frente a una respuesta rápida y negativa a esa pregunta que nos lleve a los adverbios “poco” o “nada”, el planeta de las finanzas tiene sus propias contestaciones. “Pueden invertir casi en lo mismo que los no tan jóvenes”, avanza, optimista, Víctor Alvargonzález, director de estrategia de Tressis. En concreto, los fondos de inversión se han convertido en el bálsamo de Fierabrás financiero para quienes tienen ahora entre 18 y 34 años (millennials). Admiten pequeñas cantidades, no pagan impuestos hasta que no se venden, permiten compensar pérdidas y ganancias y tienen liquidez diaria.

“Se puede empezar con un fondo de fondos. Una solución sencilla y fácil de entender o bien solicitar una cartera de fondos gestionada”, aconseja Gonzalo Rengifo, director general de Pictet AM en Iberia y Latinoamérica. Siempre, eso sí, pensando más en los ingresos que en ahorrarse impuestos. “No existe un producto financiero con ventajas fiscales específicas para los jóvenes, que, por ejemplo, fomente el ahorro a largo plazo”, censura Juan Manuel Moral, socio de fiscalidad de KPMG Abogados.

El reloj de su lado

Pese a tantas adversidades los chicos, al menos, se benefician de un aliado: el tiempo. Un millennial tiene toda la vida por delante y “una mayor capacidad de asumir riesgo, lo que supone la posibilidad de conseguir más rentabilidad”, reflexiona Francisco Marín, de EFPA España (Asociación Europea de Asesores Financieros).

Por lo tanto, con el reloj de su lado, se abre la puerta a los fondos de inversión de renta variable y a los ETF (fondos cotizados). Incluso podrían recurrir a las plataformas de micromecenazgo para préstamos (crowdlending). Ofrecen con poco capital (menos de 10.000 euros) beneficios del 6% o 7%, una inversión minoritaria pues “los jóvenes muestran un desconocimiento absoluto de los productos financieros”, critica Rosa Duce, economista jefe de Deutsche Bank España.

Cada vez más personas utilizan plataformas tecnológicas o asesores robots que diseñan carteras automáticamente

Ahora bien, en la derivada del tiempo, los planes de pensiones son otras de las herramientas recomendables. Por lo que representan y por lo que plantean. A través de pequeñas aportaciones (30, 50 o 100 euros mensuales) se crea un hábito de ahorro”, comenta Carlos Magán, experto de Analistas Financieros Internacionales (AFI). Y añade: “Este enfoque da respuesta a un Estado de Bienestar que no puede cubrir todas las prestaciones y que exige generar un capital privado para el día de mañana”.

Además estos productos se benefician de una novedad legislativa introducida este año que posibilita recuperar las aportaciones una vez transcurridos diez años. Algo que, por ejemplo, puede transformarse en la futura entrada de un piso. “Lo importante” –explican en la gestora Schroders– “es que los jóvenes comiencen a invertir cuanto antes con una planificación financiera que tenga estrategias de ahorro a largo plazo”. Y aquí encajan, como hemos visto, los planes de pensiones de renta variable, ya que “al ser una inversión que exige un tiempo elevado cabe esperar una rentabilidad mayor que en los planes de renta fija o mixta”, detallan en Norbolsa.

Todas son vías para quebrar la inercia. Porque la juventud es antes una etapa de gasto (vivienda, electrodomésticos, estudios) que de ahorro. Convivimos con una generación que afronta el consumo y la inversión de una manera nunca vista. Son los tiempos de la economía colaborativa. Del ser frente al tener. De hecho prefieren alquilar la vivienda antes que comprarla, abdican de la religión, posponen el matrimonio y se fían de la Red. Hablamos de los primeros nativos digitales y esto condiciona su vínculo con las decisiones de inversión.

Por eso “en el escenario de la renta variable, Estados Unidos y sus empresas tecnológicas son, por lógica, el mercado que más puede atraer a la gente joven”, apunta Víctor Alvargonzález. Y avanza: “Las maravillas de esas compañías tan atractivas ya están descontadas en los precios. O sea, se compra caro. Pero al ser jóvenes disponen de tiempo y podrían esperar a que un periodo bajista (que lo habrá) las ponga al alcance”.

Esta fe en la vanguardia de su tiempo hace que cada vez más chicos plateen sus decisiones de ahorro a través de plataformas tecnológicas. Una opción que gana fieles son los asesores robot (robot advisors, en la jerga financiera inglesa). Se trata de programas informáticos que construyen de manera automática carteras a partir de la inversión en ETF. Estos autómatas financieros pueden seleccionar las propuestas de activos, reinvertir los dividendos, compensar pérdidas fiscales e incluso invertir en mercados foráneos.

“El ahorrador tiene que definir sus objetivos, perfil de riesgo, edad e ingresos y el programa hará el resto”, describe Albert Enguix, gestor de GVC Gaesco Gestión. Y no hay comisiones de ningún tipo. Pero cuidado, pues ya advierten en Norbolsa que “las inversiones que se hagan deben buscar el ahorro y nunca la especulación”.

Ajenos a los inmuebles

De cualquier manera, todo sirve para dar en la tecla y captar el interés de unos jóvenes que se distancian de las inversiones clásicas, como la vivienda. Algo razonable con los elevados ingresos que exige de entrada. A pesar de los obstáculos, todavía surgen opciones. Una, según Luis Corral, consejero delegado de Foro Consultores, es comprar una casa pequeña en el centro de la ciudad. La estrategia es cristalina. Vivir en ella y luego venderla para adquirir otra mejor o más grande.

“En zonas bien situadas esas viviendas se revalorizan más en tiempos de bonanza y pierden menos valor en años de crisis”, aclara el experto. La otra posibilidad pasa por adquirir una casa nueva sobre plano. No es necesario tener grandes ahorros y se paga poco a poco. Tácticas válidas si eres joven y deseas invertir en la era de las expectativas limitadas.

Retrato del inversor maduro

El ahorro en España es conservador, mujer y cortoplacista. Lo relata un trabajo fechado en noviembre del Observatorio Inverco. Los productos con mayor presencia en la cartera de los inversores son los depósitos (63%) y los planes de pensiones (47%). Detrás caminan los fondos de inversión (29%), la renta variable (27%), los seguros (22%) y la renta fija (10%). Resultados que sorprenden poco en una tierra con un déficit profundo de cultura financiera y donde la sucursal (herencia de un país muy bancarizado) todavía es el centro de la toma de decisiones. Allí llegan, sobre todo, mujeres, de unos 44 años, quienes representan el grueso de los ahorradores con adjetivo “conservador”.

Pero hombres y mujeres buscan lo mismo: una inversión con un plazo de uno a tres años. Además los españoles tenemos un concepto patrimonialista de la vida. De ahí el peso del ladrillo en el ahorro. Algo que va cambiando, y que chirría con la otra Europa. En ella se guarda más pensando en la jubilación. Una mirada que habría que imitar ante los retos demográficos que sufre España.

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