Emilio Salvador, director sénior de desarrollo para Windows

“En EE UU, trabajas ocho horas y produces como si fueran 10”

Cruzó el charco para apostar sus ahorros a un máster en la escuela de negocios del MIT. Hoy es pieza importante en el desarrollo de Windows en la sede de Microsoft en Redmond (EEUU)

Emilio Salvador, director sénior de desarrollo para Windows
Emilio Salvador, director sénior de desarrollo para Windows

Si usted tiene un ordenador, teléfono móvil o tableta Windows, su sistema operativo le habrá insistido durante los últimos meses en actualizar su dispositivo a la última versión disponible. Si lo ha llevado a cabo, habrá notado que el funcionamiento ha cambiado de manera considerable. En ese caso, ya tiene Windows 10 instalado.

El proyecto más importante de Microsoft en muchos años. Una actualización que Microsoft, históricamente opaca a las sugerencias, ha abierto a usuarios y desarrolladores para que expriman su potencial. “Es un cambio cultural importante”, afirma Emilio Salvador (Ponferrada, León, 1970), director sénior de desarrollo y marketing para Windows, y que ha trabajado en su cración desde la sede de la compañía en Redmond (Washington). Un español, que llegó a Microsoft para trabajar un año y que ya supera los nueve en la organización. “Después de 15 años trabajando en España, decidí hacer un máster, y me fui al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). La mejor decisión de mi vida. Y la más cara, también”. Un año antes de terminar, Microsoft ya le había ofrecido empleo en su central: “Allí, el mercado laboral es otro mundo. Llegué a entrevistarme con 15 compañías tecnológicas”.

En EE UU se echa de menos el aspecto social del trabajo que hay en España”

Además de haber trabajado en el lanzamiento de Windows 10, Salvador está siendo testigo de la transformación que vive la compañía, de la mano de Satya Nadella, su consejero delegado desde 2014. “Desde que dirige la compañía, manejamos el concepto de un solo Microsoft. Ves una colaboración entre distintas divisiones, y eso que muchas veces no tienen objetivos comunes. Ves un cambio fundamental, el hecho de decir: Microsoft es Microsoft, y está por encima de los intereses de un producto particular”.

La presión de una gran empresa

Esto también se ha traducido en una mayor cercanía con los usuarios, en una empresa tradicionalmente alejada de estos: “Nuestro objetivo es tratar Windows como un servicio, no como un programa. Y lo estamos haciendo siendo totalmente abiertos con usuarios y desarrolladores”. Según Salvador, todo se reduce a alimentar la confianza del usuario, el primer crítico. Porque trabajar en Microsoft significa estar expuesto a la opinión de millones de personas, aunque Emilio Salvador cree, en cambio, que la verdadera presión es la interna: “La de tener que sacar siempre el mejor producto. Las criticas te ayudan a tener feedback con los usuarios, porque el objetivo es siempre desarrollar las mejores soluciones”.

“En EE UU, trabajas ocho horas y produces como si fueran 10”

Otro elemento de presión es la competitiva cultura del trabajo estadounidense. Salvador dice estar habituado a ella, aunque hay cosas que no dejan de sorprenderle: “El lema es ese de work hard, play hard (trabaja duro, juega duro). Es supercompetitiva. Pero algo que echo de menos es ese aspecto social que tiene el trabajo en España. Ir a comer con tus compañeros, acabar haciendo amigos… Y allí no, la gente se centra muchísimo en su tarea. Trabajas ocho horas pero estas produciendo como si fueran 10, y la sensación en España era la contraria”. En todo caso, afirma que es una competencia sana, ya que “a mí a final de año me miden no solo por los resultados que obtengo, sino también por los que otra gente cosecha con mi ayuda”.

Tampoco le ha impedido progresar en el organigrama de la empresa. Los últimos tres años en Windows, dice, han sido los mejores de su carrera: “Estar en las decisiones que van a influir en lo que los usuarios van a ver en seis meses te llena de orgullo, y hace el trabajo súper atractivo. Hacer cosas de impacto mundial”.

Desmiente el mito de que los de fuera lo tengan más difícil. Y no cree que un español esté menos preparado que un estadounidense para trabajar en una gran compañía como Microsoft. Explica que, durante estos años, se ha topado con perfiles de todo tipo, “gente súper brillante y otros más normales. Lo mismo que aquí”.

Eso sí, cree que ola principal barrera para un español es la del idioma, donde todavía queda margen de mejora. “Pero si tienes los conocimientos adecuados, la experiencia, y el espíritu de decir, me voy allí a apostar fuerte y encontrar trabajo, cualquiera lo puede hacer”. Aunque la principal diferencia entre EE UU y España, cree Salvador, “es que allí se invierte en ideas y en talento. Hay mucha gente dispuesta a invertir, aun sabiendo que van a perder dinero, mientras que aquí se busca una rentabilidad casi inmediata. Allí, si un inversor pone dinero en diez empresas, nueve fracasan, y una es buena, la inversión ya le ha merecido la pena”.

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