Pequeños Gigantes

Amasando calidad y rapidez para los pasteleros

La ‘startup’ Intercros abarata costes al mezclar elegancia y tecnología en su repostería.

Bandeja de productos reposteros de Intercros.
Bandeja de productos reposteros de Intercros.

Las dulces y suculentas delicias de la pastelería son la perdición de la vista, el olfato y el gusto. Pero para su fabricación, el tacto compite entre la calidad artesana y la rapidez. Los productos hosteleros con formas más elaboradas tienen un moldeado difícil y, por tanto, unos costes más elevados de producción.

El amasado a mano implica más tiempo, lo que repercute sobre el precio de venta al consumidor. Es ahí cuando el ingenio de tres emprendedores se une en una idea, un sistema de producción más eficaz basado en el uso de masas congeladas que no pierdan la calidad de las referencias artesanas.

Así, Daniel Puchau, Joan Arús y Toni Puchau se lanzaron en 2011 a la creación de la empresa Intercros. La necesidad de capital para sacar adelante el proyecto los llevó a la red de inversores promovida por la asociación de antiguos alumnos de Esade BAN, resultando ser una de las 29 empresas financiadas.

cruasanes
Empleada de Intercros amasando cruasanes.

Para Fernando Zallo, director de la red de Esade, “se trata de una compañía del sector industrial, de consumo, que atrajo el interés de varios inversores de la red, cuando es más habitual que se fijen en el sector TIC, y en la que participa desde su fundación un exalumno de Esade como emprendedor, lo que explica su conocimiento”.

Desde 2012 hasta la actualidad, Intercros ha recibido una inversión total de 936.000 euros, apoyada por Enisa y Lánzame Capital, una de las entidades financieras que se decantaron por coinvertir en esta empresa dedicada a las masas congeladas de repostería.

Antoni Castelltort, socio de la firma de capital riesgo, razona la apuesta: “Nos atrajo su aproximación al negocio, con foco en masas congeladas artesanales, y con una estrategia muy clara de entrada al mercado. Y aun sabiendo que era un sector nicho, el tamaño del mercado era lo suficientemente grande como para ser atractivo. También era un aliciente la elevada rotación de este tipo de productos y su especialización en referencias de alto precio”.

La inversión ya la tenían, pero les faltaba establecerse físicamente. Y el lugar elegido fue Tánger, en Marruecos. Una zona geográfica donde el sector de masas para la pastelería apenas era notable y daba posibilidades futuras de venta alrededor del Mediterráneo.

Pero también daba lugar a la necesidad de anexionarse a un cuarto socio que conociese la legislación marroquí y controlara la fabricación; así, Abdellatif El Ahmadi se convertía en el jefe de planta de Intercros, mientras que los otros tres socios dirigen las otras secciones de esta startup, en las oficinas de I+D ubicadas en Barcelona.

El éxito se refleja en su facturación ascendente, de 45.000 euros en 2013 –el primer año de ventas– a 700.000 al cierre de 2014. En tanto que la previsión para este ejercicio es superar el millón de euros.

Como asegura Joan Arús, director de operaciones y calidad en España, “sale mucho más caro cuanto mayor es el cruasán o ensaimada. El producto más pequeño que se comercializa en Europa es de 60 gramos, simplemente, porque no sale rentable comercializarlo con menor peso, aunque el consumidor quiera una pieza más pequeña, la relación de cantidad y precio rechaza la producción en la mayoría de los casos”.

Intercros concentra prácticamente todas sus ventas en España, aunque ya ha comenzado a expandirse a la vecina Portugal y ha efectuado algunos movimientos en Francia y Alemania, entre sus planes futuros cercanos.

Pero, sin duda, está claro que su fábrica en Marruecos pretende vender a estos países y proseguir por el continente africano. El objetivo de esta startup dentro de cinco años es llegar a facturar 20 millones de euros, avanzan en la compañía.

Pequeñas delicias desde Marruecos

Intercros
Fábrica de Intercros en Tánger (Marruecos).

La fabricación de la masa tiene su ubicación en Marruecos. La decisión de cruzar a tierra marroquí parecía adecuada ya que se trataba de una zona con menor rivalidad empresarial. La dificultad de crecer como negocio es más ardua cuando la empresa se asienta en un estrato donde las grandes compañías se enfrentan por obtener mayor cuota de mercado.

Así, los socios de Intercros esperaban encontrarse con mayores facilidades burocráticas, pero lo cierto es que tras un año las homologaciones como entidad y calidad de producto crearon una absoluta necesidad de tener un socio local de confianza que conociera la legislación del país y abrieron una filial. Actualmente, en la fábrica marroquí, con una superficie industrial de 1.000 metros cuadrados, trabajan 30 empleados.

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