Tribuna

De los megaproyectos a la sostenibilidad

Ha llegado el momento para España de hacer un punto de inflexión y cambiar la dinámica del sector de la construcción. Por una parte, la ciudadanía mantiene grabada a fuego la imagen de aeropuertos vacíos, equipamientos sobredimensionados o directamente innecesarios, así como el sentimiento de despilfarro de sus impuestos a beneficio no se sabe de quién. Por otra, alzando la vista a nuestro alrededor, se comprueba que el estímulo inversor en infraestructuras en los países motores de Europa no ha caído tanto en los años de las crisis como en el caso de nuestro país e incluso ahora se proyecta como un elemento de primera magnitud.

Sin duda, el Gobierno que salga elegido en la cita electoral de diciembre tiene un reto ineludible en este sentido. Existen elementos estratégicos que nos advierten de que no podemos seguir funcionando con la ley del péndulo, pasando del todo a la nada o viceversa, pues estos años de crisis sin inversión en obra pública suponen a la postre un pérdida de competitividad para nuestra economía, así como un quebranto innecesario en el bienestar social y la pérdida de empleo. En este sentido se definen necesarias políticas para la gestión de los recursos hídricos y medioambientales, la red energética, la logística y el transporte de mercancías, la rehabilitación urbana o el propio mantenimiento de las infraestructuras existentes, por citar algunas.

Se precisa la modernización de las canalizaciones de agua para reducir las pérdidas actuales que alcanzan un escandaloso 26%. Igualmente, se establece la necesidad de minimizar los vertidos y tratarlos siempre a través de plantas de depuración, pues contradiciendo la normativa europea solo se tratan el 84% de las aguas residuales. Además de llevar a cabo la conexión entre cuencas fluviales que permita la potenciación de la agricultura, a la vez que mitiguen los riesgos de sequía e inundación en un país con un 72% de su territorio en estrés hídrico.

De la misma forma, se debe realizar el tratamiento integral de los residuos con nuevas plantas de reciclaje y compostaje a un nivel similar al de Europa, clausurando progresivamente los vertederos. La protección de la biodiversidad se debe convertir en eje prioritario para la explotación sostenida de las masas forestales, las playas y el conjunto de espacios naturales. Así, giraríamos hacia un modelo de turismo responsable y de calidad, en el cual no solo se deja de degradar el entorno, sino que se invierte en su recuperación y mantenimiento, potenciando este sector en el futuro.

En lo que respecta a la energía, es inexcusable lograr una mayor eficiencia energética y apostar por las renovables nuevamente. A ello se debe unir la reducción del gasto energético con la rehabilitación de edificios, responsables de un 40% de la energía total consumida, con lo que ello supondría para reducir el porcentaje de la población en pobreza energética y mejorar la calidad del aire en las ciudades.

Invertir en potenciar el transporte en tren de mercancías, una fórmula muy competitiva pero poco extendida en nuestro país debido a la obsolescencia de la red ferroviaria. El objetivo, simplemente equipararnos a Europa, añadiendo nuevas terminales en puntos productivos, extendiendo la red para trenes de mayor capacidad y mejorando su accesibilidad a centros logísticos, aeropuertos y puertos. Todo lo que tiene que ver con la mejora de la accesibilidad a las ciudades como aparcamientos disuasorios, potenciación de las zonas peatonales y el transporte en bicicleta. Infraestructuras que cubran las necesidades en salud, dependencia, educación y justicia, y de manera importante aquellas referidas a dar soluciones al constante y pronunciado envejecimiento de la población que ya sufrimos y que se acentuará en las próximas décadas. Tenemos una oportunidad como país de ser destino geriátrico de calidad en Europa si somos capaces de planificar y hacer una estrategia a medio y largo plazo.

Detener la creciente brecha digital con el cumplimiento de la normativa europea en esta materia, lo cual debe redundar en nuevas oportunidades de crecimiento económico, a la vez que en el desarrollo de aquellas áreas menos densamente pobladas donde aún no hay acceso al comercio digital

Se precisa una mejor previsión en la rentabilidad de las inversiones. Ha llegado la hora de invertir en infraestructuras pensando en el medio y largo plazo, creando empleo de calidad y fortaleciendo el bienestar de la ciudadanía. No es tan difícil, para eso se supone están los Gobiernos.

Vicente Sánchez Jiménez  es secretario general de CC OO de Construcción y Servicios.

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